viernes, 14 de enero de 2011

Reflexión sobre el concurso de relatos


Yo también quiero hacer una pequeña reflexión sobre esta nueva experiencia de concurso de relatos. Tengo un cierto gusto agridulce. Y digo esto porque aunque  me ha divertido leer todos ellos  y escribir el mío, tengo mis dudas del éxito total del concurso.

 En primer lugar aunque el número de relatos ha sido de 10 parece que alguna gente no ha participado. No le motiva o no se siente capaz o no le gusta. Pero es que al menos han sido 3, 4, 5.. ( más del 30% de grupo) y quiere decir que otros han escrito varios. Eso me hace pensar que a lo mejor se puede plantear ya que tenemos el blog, como algo que no fuera un concurso. Bien que cuando uno quiera pone un relato o de vez en cuando alguien invita a escribir relatos motivándolo y poniendo unas normas y plazos, sin puntuar y sin tener que hacer comentarios. Todo de una forma anónima o  firmada en cualquier caso.

  Otra cuestión que me planteo como importante es la poca participación a nivel intercambio de comentarios que permitan disfrutar de las opiniones sobre lo que todos nos hemos esforzado en poner en pública exposición. Me explico, cuando yo entraba y veía un nuevo relato me lo leía e intentaba dar un comentario light y jocoso, pero interesado sobre lo que había leído. Sólo Manolo, JL, en algún caso y yo lo hemos hecho. Yo escribí también al mío para que no se supiera quién era.

 Y por último voy a hablar de la puntuación. Me parece que debe ser lo más light posible, de forma que no haya algo que se pueda recibir nunca como un palo. Soy partidario de que todo el mundo esté en un pequeño margen 2, 3 puntos (si es sobre 10) , que sean moderados y todos obviamente aprobados. En ningún caso darle a uno un eufórico 10 y a otro un 4 o 5, no me parece de recibo. Espero que en alguna medida esto no lo entendamos como competición pura y dura, en la que se puedan dar consejos, lecciones y mucho menos palos.

 En resumen que aunque me lo he pasado bien leyendo los relatos, espero esto que comento explique lo del agridulce que dije al principio. Obviamente leeré con mucho interés todas las discrepancias.

 JP


miércoles, 12 de enero de 2011

Relatos de Navidad

Hola, marchosos,
Una vez terminadas las votaciones a los relatos de Navidad, es hora de que cada cual reconozca a su criatura. Es totalmente voluntario, pero quién sería capaz de negar el nombre a su hijito. Quién no se pregunta quién es Gorrión o Zascandil o el propio Dios.
Si no estoy equivocado, hemos emitido opinión 5 marchosos. No creo que merezca la pena sumar las puntuaciones, pero quien quiera hacerlo, ahí están.
En mi modesta opinión, los relatos presentados esta vez superan en calidad e imaginación a los de otras ocasiones. Y hay varios muy meritorios. Hemos empleado la mente en hacer de la creación literaria un entretenimiento placentero, lleno de interrogantes. No solo de escaladas viven los marchosos.
En fin, a mí me ha gustado la experiencia.
Dicho lo anterior, os invito a contar en esta entrada vuestra propia experiencia.
Envié dos relatos: Día de Reyes y Nochebuena.
Saludos,
Manolo.

sábado, 8 de enero de 2011

Relatos de Navidad

Hola, marchosos,

Con el fin de refrescar la memoria, que con tantos días festivos y sin excursiones estará algo perezosa, os envío abajo un resumen-recordatorio sobre el asunto de referencia:

-Tenemos 10 relatos. Es de suponer que alguno/s han enviado más de un relato al blog (lo cual había sido aceptado a raiz de la propuesta de JL). También, que algún marchoso no envió ninguno. Si es así, aún está a tiempo, pues el plazo acaba el día 10 de enero.
-El día 11 de enero es el día reservado para hacer las votaciones. La puntuación será de 1 a 10. La votación finaliza a las 24.00.
-Para evitar que sepamos de quién es cada cuento conviene que firméis el voto con el seudónimo con que firmásteis vuestro cuento.
-Los votos podrán emitirse abriendo un comentario en el blog al cuento correspondiente, donde además se podrá añadir un comentario para justificar la nota.
-El día 12 podemos comentar el asunto durante la marcha y desvelar el verdadero nombre del autor de cada cuento.

Saludos,
Manolo.

domingo, 2 de enero de 2011

Relato de Navidad nº 10

LA SAN SIL


        Aquel año me tocó, no sé por qué circunstancias, llevar a mi padre, que tenía 72 años, a ver la carrera (la San Silvestre Vallecana) que se hace en Madrid el día 31 de diciembre y que va desde el estadio del Real Madrid al del Rayo Vallecano (unos 8 km que los prolongan hasta 10 dando vueltas por las calles); así es que nos subimos a las gradas del Rayo a esperar la llegada de los atletas.
        Había una pantalla gigante desde donde se veía a los corredores en plena actividad por las calles y plazas de Madrid. La verdad es que era bonito y emocionante ver cómo la máquina humana devoraba distancias, que nos parecen largas, en pocos segundos y cómo la potencia muscular es capaz de realizar semejante trabajo; pero observé con el rabillo del ojo que mi padre, que jamás había hecho ni seguido deporte alguno, se emocionaba cada vez más al ver entrar a los atletas por el fondo del estadio: gritaba, silbaba, hacía ruido, aplaudía,…
        Después de ver la entrega de premios y los fuegos artificiales que siguieron, salimos del campo y mi padre me dijo que se lo había pasado muy bien aquellas navidades, sobre todo por la carrera. Que le había gustado tanto, que tenía pensado entrenarse para asistir a la del año siguiente; además aquello le supondría un cambio en sus vida, en sus costumbres, en su alimentación, en fin, en su rutina de pre-anciano.
        Jamás corrió en ninguna carrera; eso sí, se entrenó bastante, dejó de atender a sus nietos (que hoy andan por ahí descarriados), los pocos amigos que le quedaban le abandonaron, y, lo que es peor, en uno de sus entrenamientos tuvo un accidente y quedó parapléjico.
        Resulta que hoy día, tengo que estar atendiéndole porque soy el único hijo que le queda, y maldigo aquellas navidades en que inconscientemente llevé a mi padre a ver la San Silvestre Vallecana.


Zascandil

viernes, 31 de diciembre de 2010

Marchosos 2011

Una felicitación para el Año Nuevo muy poética por parte de Chicho. Por la mía también os deseo lo mejor,  además de que sigais siendo unos estupendos Marchosos.

 Esa quiniela que dice Chicho la voy a hacer, aunque no lo haga público, mejor dicho la he hecho mentalmente conforma los iba leyendo.

Supongo que lo de los otros dos que aún no conocemos sus nombre se refiere a que somos 11 y hay 9 relatos. Aunque creo que uno es mejora de otro.

Os deseo  un buen año marchoso y verde con todo lo que eso significa.

JP

Bueno, ya está llegando el Nuevo Año

Hola Gorrión, Dios, John, Ranita, Gladiator, Los tres Magos, Friki, Marchoso, Afilador y a otros dos que aún no conocemos sus nombres. Estuve a punto de sugerir que hicieramos una quiniela (sin premio) y que le pusieramos cara a las identidades "literarias" elegidas. Sería curioso que alguien nos conociera tan bien que fuera capaz de "clavar" nuestra imagen en cada uno de esos seudónimos. Yo llevo casi 6 años con vosotros y tengo que confesar que no ganaría la quiniela. Eso sí, quizás no os conozca a fondo, o en vuestra faceta literaría, pero he estado muy a gusto con todos vosotros y espero seguir estándolo este ya próximo 2011.

Un abrazo

Chicho

martes, 28 de diciembre de 2010

Relato de Navidad nº 9

Catarsis en  Navidad


 Ya estaba en lo que se llama la mediana edad y seguía soltero, pero no se gustaba y  tampoco soportaba muy bien su situación. Tenía por delante una semana de vacaciones de Navidad y como siempre había alquilado la casita del lago para pasar esos días allí. Había invitado a su hermano, que llegaría en un par de horas según le había dicho, a un día de pesca.
 Estaba sentado en su sillón  y reflexionaba sobre su vida viendo como su imagen se reflejaba en el espejo encima de la chimenea. Pensaba que había estado jugando un papel en la vida que no era el que deseaba; era como si se lo hubieran impuesto desde fuera. Repasaba cómo había sido su infancia. Su hermano que había nacido unos años antes que él, creía que se le había adelantado en todo en la vida; lo había conseguido todo, el cariño y la admiración de sus padres y de su  familia, el éxito social y profesional. Sin embargo él había jugado un papel secundario siempre a la sombra de su hermano.
 Habían hecho un recorrido en la vida muy similar,  convivido muy cerca gran parte de la vida, hasta que  él creó una familia, eso les distanció. Los dos eran abogados pero profesionalmente su hermano tenía un bufete de éxito y sin embargo él se había conformado con un puesto de funcionario. En el fondo creía que le había robado la personalidad que le hubiera gustado tener y sólo le quedó jugar un papel secundario.
  De pronto y con gran sorpresa contempló la imagen que le devolvía el espejo. ¡No era la suya!, sino la de su hermano. ¡Aquello no era posible!, además parecía venía hacia él saliendo del espejo. Se volvió a mirar y la imagen que le devolvía era la de su hermano. Se convenció de que estaba metido en el cuerpo de él y empezó a gustarle la experiencia. Se le ocurrió que aprovechando este período de vacaciones,  podría por unos días jugar a ser su hermano. Pensaba que podría dejarlo allí encerrado estos días cuando oyó que  llamaban a la puerta,  ya lo había decidido. Le aplicó un somnífero en la bebida y al poco rato se quedó dormido.   Le dejó un escrito con la explicación y todas las instrucciones para sobrevivir algún tiempo allí encerrado. Decidido se fue a casa de su hermano a jugar a ser él.
  Durante las primeras horas le pareció tocar el cielo, la familia le mostraba su afecto y la relación con ellos era estupenda, pasó unas Navidades inolvidables. Al día siguiente se fue a la oficina pero le costó mucho jugar allí el rol de su hermano, aunque cree que lo consiguió. Le satisfacía el trabajo que se realizaba en el bufete, aunque hubo muchos momentos de indecisión en los que le resultó muy difícil mantener la suplantación.
 Conforme los días pasaban le costaba más mantener la situación, pero aquello le estaba significando una catarsis, empezaba a no desear aquel rol que siempre había envidiado. A su vez iba dándose cuenta que en realidad su personalidad iba más con la vida que él llevaba. Parece que se estaba liberando de la psicosis que había soportado así que finalmente decidió dar por terminado el experimento.
 Cuando volvía hacia la cabaña, para liberar a su hermano y pedirle perdón con una gran carga de culpabilidad, reflexionando sobre cómo se lo explicaría, al abrir la  puerta vio que ya no estaba allí por lo que le asaltó un cierto pánico, había pensado que al contárselo todo, lo entendería y le perdonaría, pero al haberse escapado ya no podría ocultar su mala acción.
 De repente oyó  ruidos, alguién estaba llamando a la puerta y se sobresaltó, era su hermano que llegaba puntual a la cita. Suspiró aliviado al ver que se había quedado dormido en el sillón mientras le esperaba.

 
Madrid  a 28 de Diciembre   de 2010                                     Autor: Gorrión


domingo, 26 de diciembre de 2010

Relato nº 8. Lotería de Navidad


Rrrrrr.  Rrrrrr.  Rrrrrr. 

Roberto se sobresaltó. Se había quedado adormilado en el salón y el ruido le desveló.

Rrrrrrrr

Tardó un momento más y cogió el móvil. Era un “mensaje nuevo”. Lo abrió y lo leyó: 

Mañana morirás. Dios.

Roberto palideció. Una broma de mal gusto, pensó.
Pero …aquel móvil era nuevo. Lo había comprado hacía poco porque quería un teléfono privado y nadie, ni él siquiera, conocía aún el numero.
Estaba angustiado. El no creía en espíritus, ni en Dios, pero ….

Aquella noche no durmió bien, tuvo pesadillas y se despertó varias veces.
Cuando amaneció, la luz del día le tranquilizó. Nada, una broma estúpida, se dijo.
De pronto ….. Rrrrrr.  Rrrrrr. 

Otro mensaje nuevo. No se atrevía a leerlo, pero tuvo que hacerlo.
Era un mensaje de bienvenida de la compañía telefónica. Decidió apagar el teléfono, porque no iba a poder aguantar otra llamada. Incluso pensó en deshacerse de él. Miro el reloj. Eran las 9. Tenía 15 horas de espera angustiosa.


En otra ciudad, Diosdado López estaba jugando a la lotería de Navidad. Así llamaba él  a su juego particular. Era empleado de la compañía de Teléfonos Móviles y tenia la lista de los nuevos teléfonos dados de alta en su mesa. Escribió los números de nuevos usuarios en unos papelitos y los metió en una caja.
Sacó uno al azar y escribió: Tu mujer te engaña. Dios
Bueno allá va,dijo, y envió el mensaje

Dios

jueves, 23 de diciembre de 2010

Felices Fiestas

No está mal este video como introducción o calentamiento para
asistir a la cena de Nochebuena del relato navideño nº 7.

http://www.m2film.dk/fleggaard/trailer2.swf

A disfrutar, del turrón, claro.

Chicho

domingo, 19 de diciembre de 2010

Relato corto de Navidad nº 7. Nochebuena

Nochebuena
Cuando Mercedes y John llegaron, todo estaba dispuesto en la mesa: los platos de jamón y queso, las aceitunas, los mariscos... En un rincón, el árbol de Navidad con las luces encendidas. Después de saludarse pasaron al comedor y se sentaron todos a la mesa como en otras celebraciones: John, entre Mercedes y Leonor; enfrente, Pablito y sus padres, Ana y Esteban; sus padres de ellas, en las cabeceras de la mesa. Bebían, comían y charlaban animadamente. Cuando hubieron terminado con las entradas, Mercedes y su madre se levantaron y fueron a la cocina. Regresaron con una fuente de ensalada y una bandeja de cordero recién asado cuyo aroma inundó la sala.
Leonor, la menor de las tres hermanas, que aún vivía con los padres, sentía una irresistible atracción por su cuñado John, un norteamericano fuerte y alto, bien parecido. Así que Leonor trataba de disimular ante su hermana, sin perder la ocasión de coquetear con él. Una sonrisa, una mirada, un beso furtivo de despedida en los labios.  
Aquella Nochebuena, John, sentado entre las dos hermanas, notó que la mano izquierda de Leonor le acariciaba el interior del muslo. Ella, en tanto, pasaba el dedo índice de la derecha por el borde de la copa de vino y miraba con descaro al resto de los comensales. John no pudo huir de aquella embarazosa y, a la vez, placentera sensación. Notó latir su corazón y la presión de su pene erecto, mientras masticaba un trozo de cordero. Leonor deslizó la mano, suave y lentamente, hasta la entrepierna del cuñado. Este tragó sin terminar de masticar lo que llevaba en la boca, colocó las manos a los lados del plato sin dejar los cubiertos, se apoyó en el respaldo de la silla, abrió las piernas y exclamó en silencio: ¡Oh, my God!
Nadie reparó en lo que había ocurrido debajo de la mesa. John se recolocó en su asiento y siguió comiendo como si nada hubiera pasado. Leonor sonrió, mirándolo de reojo con complicidad, como si acabara de hacer una pequeña travesura.
Luego del cordero tomaron los postres, el turrón, el cava, los cafés.
Desde entonces, hace ya dos años, Mercedes está preocupada por el comportamiento de John. Se queda hasta muy tarde en la oficina, apenas le hace caso, se duerme a menudo viendo la televisión y, sobre todo, no quiere ir de visita a casa de sus padres.
Firmado: John