miércoles, 11 de noviembre de 2020
circular-san-agustin-de-guadalix-acueducto-de-zegri-presa-del-mesto-canon-del-rio-guadal, miércoles 11.11.2020
sábado, 7 de noviembre de 2020
FC GASCONES-BUITRAGO-REFUGIO SANTUIL CERRO DE LA CABEZA -4/11/2020
domingo, 1 de noviembre de 2020
28/10/2020 CÁRCAVAS DE ALPEDRETE
viernes, 9 de octubre de 2020
Circular por El Pardo 7 Octubre 2020
wolfgang
sábado, 3 de octubre de 2020
EXCURSION POR LA JAROSA Y LAS CAPILLAS DEL VIA-CRUCIS EN EL VALLE DE LOS CAIDOS
La excursión que se había seleccionado era la de La Cascada del Hornillo, pero como Jero tenía una prueba médica por la tarde y pensaba que yendo a esta podría acudir a la cita sin problemas, la cambiamos por votación mayoritaria.
Iniciamos la marcha puntualmente y nos adentramos en el bosque por la puerta de La Cerca de Felipe IIque formaba parte de las creadas alrededor de Madrid en el siglo XVI como aduanas de acceso a la villa y que ahora sirven como limitación de acceso al dominio del Patrimonio Nacional. Pero nosotros obviamente pasamos por allí como es debido, o sea “como Pedro por su casa”. Se tuvo que cruzar un arroyo llamado de Picazuelo. A través de una pista forestal hicimos una primera hora y media de recorrido por el bosque de pinos y robles aunque también mucha arizónica.



El recorrido estaba marcado por carteles indicativos de la zona que recorríamos con una pequeña reseña sobre sus características y cada una tenía un nombre, ¡qué bonito! Claro, claro es que estaba en la cercanías del V. dls Cds. Los nombre eran algo así como: En busca de agua, Agua necesaria, Caudal de Vida, La sed de Madrid, etc… Yo me imaginaba la camisa azul y el pantalón corto de nuestra época del Frente de Juventudes.

Así llegamos en hora y media al Alto de Picazuelo donde tomamos los panchitos. Emprendimos la marcha y atacamos ya una subida por senda empinada que nos llevó a la primera capilla que te hace preguntarte como es que a mitad de siglo XX todavía había gente que pensaba como hacia varios siglos atrás para hacer esas burradas: capillas de bloques enormes, de granito en lo alto de montes escarpados para poder hacer un vía crucis que recuerde al sufrimiento de Jesús de Nazaret. Pero el sufrimiento fue sobre todo de los presos republicanos (rojos) que lo tuvieron que hacer.
Seguimos subiendo escalones que te llevaban a la siguiente estación del vía crucis y en general lo que más impresionaba era las vistas de todo el valle con la Cruz de los Caídos en medio. Después de subir al menos mil escalones llegamos a la más alta de las cruces que estaba en el Risco de la Brulera donde había una vista general amplia del valle, que parece sirve de vigía del monte.
Después de bajar tropecientas escaleras
llegamos a la zona donde más o menos íbamos a comer, pero yo que iba el último
me despisté y les perdí, así que me costó volver a encontrarlos pq se habían
separado algo de la senda marcada por el gpx.
La comida regada con la bota de Paco con vino de (no recuerdo) pero bueno,
café de Miguel y aguardiente de M. Angel fue como siempre un momento agradable
de reposición de fuerzas y charla.
En una hora llegamos a aparcamiento de La Jarosa II y volvimos a casa, no
sin antes pasar algunos en Guadarrama por un bar con terraza para saciar la sed
con invitación de Paco. Otra jornada más en la que disfrutamos de estupendo día
y solo mencionar que echamos en falta a Chicho (ah! y JL).
JP
viernes, 25 de septiembre de 2020
23102020 SALIDA A LA DEHESA DE MONCALVILLO Y CERRO DE LA PEDREZUELA
Hoy es el
primer día del otoño y esperamos pasarlo bien aunque hay anuncio de lluvia. Nos
hemos juntado cuatro montañeros de los nueve que estamos en activo. Chicho, que
es el que ha propuesto la excursión, nos ha escrito un guasap diciendo que no
puede venir porque ha visto estornudar a su gata dos veces y cree que él ya
tiene una gripe de mucho cuidado o incluso el coronavirus. En definitiva es un
poco “cagao” para esto de las enfermedades.
Hemos
quedado en el km 5,7 de la carretera M-104 que va de S. Agustín de Guadalix a
Colmenar Viejo. Iniciamos los cuatro, que somos Juan Ángel, Wolfgang, Miguel
Ángel y Paco (el que escribe esta crónica), esta salida otoñal. Paco ya ha
aprendido a descargarse los tracks y se siente más seguro en caso de separación
del resto del grupo. La verdad es que va más lento que los demás y siempre
llega a los puntos de encuentro el último. Con lo cual el recorrido lo suele
hacer bastante solitario y, por ende, un poco aburrido. A unos dos km de
iniciar saltamos una valla de piedras para entrar en la dehesa. Seguimos el
track sin sendero, por mitad del campo. El paisaje es impresionante pues nos
encontramos entre encinas y enebros con surgimientos rocosos y aunque el camino
es llano, no deja de subir y bajar poco pero constante. Al fin, llegamos a la
ermita de Navalazarza y aquí cambiamos el track y ponemos en nuestros móviles o
GPS uno bajado de wikiloc que nos va a llevar hasta el cerro de La Pedrezuela. Cuando
vamos a empezar la subida fuerte, nos paramos debajo de unas encinas y nos
tomamos “los panchitos” regados con el vino de la bota, esta vez el llamado
Armonioso de la Tierra Alta de Cataluña. Por cierto, Miguel Ángel trajo unas
pocas uvas moscatel de la parra de su casa, que estaban excelentes.
Es una subida sensacional por entre rocas, arena y vegetación baja y torrenteras que, aunque supone un esfuerzo, no deja de tener su encanto para nosotros pues la recompensa es la vista espectacular que nos ofrece la cumbre: se ve todo Madrid, la extensión de la dehesa, el cerro de S. Vicente (que le tengo ganas) y algunos embalses. Nos hacemos algunas fotos y comenzamos la bajada. Aquí alargamos los palos y confiamos en nuestros amortiguadores (rodillas) para no caer resbalando en algún roquedal con arenisca. Una vez que hubimos bajado al nivel de la dehesa, andamos un trecho sin camino y después volvimos a cambiar el track, el que nos había enviado Chicho. Las vistas son ahora panorámicas. Yo creo que ninguna foto puede reflejar la maravilla de esta inmensidad llena de árboles, pastos, vegetación no muy alta y un cielo azul claro con unas bellas formaciones nubosas. Pasamos cerca de una gran concentración de ganado vacuno y una vez rebasada, buscamos un sitio idóneo para llenar el coleto y descansar un poco. Encontramos un pequeño roquedal entre sol y sombra y empiezan a verse nubes un poquito negras que creemos que traen algo de lluvia. Esto hace que comamos un poco rápido no vaya a ser que nos pille la lluvia. Como el camino es bastante llano, la velocidad de la marcha se hace mayor y el Paco ya va atrasándose porque no aguanta esa velocidad, pero los otros tres le esperan y se inicia el camino de regreso a los coches. En vanguardia van Juan Ángel y Miguel Ángel y en retaguardia Wolfgang y Paco. Empieza a llover, primero lentamente y luego un poco más fuerte. Poca cosa para nuestros paraguas y cubremochilas. Son unos dos km y medio (media hora, más o menos). Llegamos a los coches y dos nos fuimos a S. Agustín a tomar una tónica y los otros dos se fueron por Colmenar.
Bonita
jornada.
Hasta
pronto, amigos.
Paco.
jueves, 17 de septiembre de 2020
EXCURSIONCITA PONTÓN DE LA OLIVA- PRESA DE LA PARRA (16/09/2020)
Mucho calor. Bueno, estamos en verano todavía. Tendríamos que haber venido en invierno.Muy llano, pero muy monótono, tanto el paisaje como el propio camino.
Hemos quedado en el aparcamiento de arriba del Pontón de la Oliva, más amplio y más accesible que el de abajo. Yo, de todas maneras, como no recordaba, me fui al de abajo. Esta vez nos hemos juntado cinco esforzados y entusiastas caminantes, Miguel ángel, José Luis, Juan Ángel, Wolfgang y yo, Paco, que soy el que lleva el vino, esta vez de Tielmes; tiene un poco de roble y lo he metido en bota, claro.
Empezamos la marchita viendo a varios escaladores en los farallones de enfrente. Es una vista espectacular, pues son paredes verticales con diferentes colores, alineadas unas a continuación de otras formando una cortina muy extensa que corre a lo largo del curso del Lozoya. Después de pasar una serie de argollas ancladas a las rocas laterales de la presa, que servían para que los trabajadores de la presa del siglo XIX se sujetaran para no caerse, entramos en un camino estrecho de tierra que avanza a media altura a lo largo del río. La vegetación es baja y no muy abundante, por eso nos va dando el sol en muchos trechos del camino. Comenzamos a sudar aunque no existe un desnivel pronunciado, caminando entre piedras y arena. El Lozoya corre formando pequeñas islitas hacia la presa, sirviendo a algunos patos como piscina para su navegación.
Después de una hora, vemos un grupo grande de vacas, se nos acaba el caminito de tierra y empezamos una pista forestal de grava y asfalto con muchos baches y piedras sueltas. Encontramos varias cuevas que eran minas de ataque que servían de acceso para el transporte de materiales y de entrada a los trabajadores.
A continuación encontramos una cascadita que alimenta al Lozoya donde podemos remojarnos un poco, ya que el sudor continúa. Nos tomamos el cacahuete a la sombra de unos fresnos y abedules en una pequeña explanadita. Probamos el vino y nos pareció bueno. Al continuar, pronto íbamos a entrar en una herradura y nos desviamos a la izquierda cogiendo un camino que ascendía a pleno sol: es un atajo, para evitar la herradura, pero no hay atajo sin trabajo. El ascenso, bien, pero caluroso. El descenso, en picado, y reteniendo el cuerpo con riesgo de caída. No me gustó nada,ni a Wolgang que venía conmigo. Cuando nos juntamos con M.Á. y J.L., tampoco quedaron muy satisfechos de este atajo, manifestando que la vuelta la harían por la herradura. Atravesamos una casa en ruinas, que es donde yo me eché una siesta en otra excursión hace ya muchos años. Hay una foto en el blog, donde aparezco.
Enseguida llegamos a la presa de la Parra, que es la que hay después de El Atazar (siguiendo el curso del río, claro). Fin de la excursión, 8 km.
Iniciamos la vuelta y pasamos por la herradura, donde hay una almenara de sedimentación de la presa de la Parra y a continuación otra pequeña presilla, que se llama de Navarejos. Después nos encontramos con muchas colmenas y varios avisos de que pasemos con precaución pues como se enfaden las abejas, son capaces de atacarnos sin contemplaciones.
Almorzamos en la conexión entre el camino de tierra y la pista forestal de grava y asfalto, nos zampamos nuestros bocatas regados con el vino de la bota (a excepción de Juan Ángel, que no gusta el vino), nuestros postres, y el que quiso se metió entre pecho y espalda un traguejo de “petrolato” aportado por M.Á. para iniciar el último tramo de la excursioncita. Yo estaba ya cansado, cosa que no me ocurrió en las anteriores veces que vine. Tal vez sea por el calor.
Después de una hora, avistamos las cárcavas y los farallones dándonos cuenta de que el final estaba cerca.
Los dos primos se largaron en sus coches y Wolgang, J.Á. y yo nos paramos en Patones a tomarnos un “tomo” (cada uno lo que quiso), donde nos encontramos con Fernando de Acrola y charlamos un ratito (con máscaras, por supuesto). Ellos habían ido a Cabeza Antón, en el Atazar y nos dijeron que también deberían haber subido en invierno, pues el calor les había resultado un hándicap algo durillo.
Y de aquí, cada cual a su casa. ¡Hasta pronto!
Paco





































