miércoles, 11 de noviembre de 2020

circular-san-agustin-de-guadalix-acueducto-de-zegri-presa-del-mesto-canon-del-rio-guadal, miércoles 11.11.2020

La marcha elegida fue: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/hormiguita-circular-san-agustin-de-guadalix-acueducto-de-zegri-presa-del-mesto-canon-del-rio-guadal-32125306 A las 10:45 puntuales salimos de la zona industrial a las afueras de San Agustín de Guadalix, avenida de Madrid los 6 marchosos que respondimos a la convocatoria de la marcha de hoy, a saber: Wolfgang, Juan, Miguel, Chicho Jero y JL. Editor de esta crónica Fuimos un trecho por la avenida de Madrid y torcimos a la izquierda a la altura del arroyo el Caño, para seguir el curso del rio Guadalix. Se notaba otoño tardío por el color verde y amarillo de las hojas. Las recientes lluvias del viernes han dejado numerosos charcos.
Ello no ha sido impedimento para que numerosos paseantes y ciclistas hayan salido y se crucen en nuestro camino. Todos con la mascarilla, algunos con perros. Hasta un colegio entero nos hemos encontrado. Setas sin embargo ninguna.
Alas 12h hemos parado para tomar almendras, nueces y cacahuetes y un vino de Rioja crianza, cortesía de JL El tiempo ha sido magnifico así que hemos ido desprendiéndonos de la ropa a lo largo del camino. Nos acompañaba el murmullo del agua del rio Guadalix. Cuando hemos llegado a la presa era imposible vadearlo asi que hemos desandado el camino y en la cascada hemos hecho un alto para comer. Breve sobremesa con el café de Miguel, los chocolates de todos, el turrón de Jero y el aguardiente del Wolfgang.
E las 15h hemos emprendido el camino de regreso y antes de las 16 h. salíamos en los coches camino de casa Objetivo cumplido. Saludos JL:

sábado, 7 de noviembre de 2020

FC GASCONES-BUITRAGO-REFUGIO SANTUIL CERRO DE LA CABEZA -4/11/2020

Aunque ya habíamos estado unas cuantas veces en el refugio Santuil, es una excursión que en el otoño es bastante agradecida, por los colores que presenta el robledal y otros arboles y arbustos, como también por la cantidad de diferentes setas que se pueden ver y con suerte recoger algunos níscalos y boletus. La marcha es suave ,aunque se suban cerca de 500m , y no excesivamente larga ( 12km) lo que permite ir relajadamente andando. A las once nos juntamos en la antigua estación: Jesus, Miguel, Jero, Mugue Angel y yo. Ya había media docena de coches de seteros madrugadores, aunque en nuestro recorrido no vimos a ninguno. La marcha a todo el tiempo por una ancha pista que al principio atraviesa un robledal para luego internarse en el bosque de pinos que ya nos acompañaran hasta el refugio. Al entrar en los pinos Miguel Angel y yo nos internamos en el pinar, siempre paralelos al camino, para buscar algunas setas. Estaba todo muy pateado y solo se veía algún que otro níscalo despistado.. Paramos a las doce y media a tomar los panchitos , y después ,para sortear una zeta muy larga, realizamos un atajo monte a través. De nuevo , Miguel Angel y yo nos volvimos a internar por el bosque quedando con los demás en el refugio. Nos juntamos todos en el Santuil a la una y media y como era pronto para comer decidimos hacerlo junto al cerro de la Cabeza. Ya de bajada sorteamos algunas zetas por medio del monte hasta llegar a la desviación hacia el cerro, siendo esta la primera vez que ascendíamos a el. No encontraos ninguna senda y nos fuimos guiando por el track. Miguel Angel y Jero se adelantaron y Jesus ,Miguel y yo siguiendo el track de Miguel nos despistamos un poco, pues tenia la orientación mal puesta en la configuración del Oruxmaps. Por fin a las tres nos juntamos en el cerro de la Cabeza en donde, para nuestra sorpresa, Había una antigua fortificación de la guerra. Además de unas vistas impresionantes .Como no había venido Paco los marchosos tuvieron que tomar sus viandas acompañadas de agua de Lozoya. Con los turrones de Jero y los bombones y café de Muigel terminamos el almuerzo y nos pusimos, de nuevo, en camino hacia la pista que nos llevaría directamente hasta los coches, a través de un magnifico robledal otoñal. Allí nos despedimos hasta el próximo miércoles. JUAN ANGEL.

domingo, 1 de noviembre de 2020

28/10/2020 CÁRCAVAS DE ALPEDRETE

Esta vez hemos conseguido juntarnos cuatro esforzados marchosos, Juan Ángel, Jerónimo, Wolfgang y Paco, que es el que escribe, aunque le tocaba hacerlo a Chicho que, justo en el último minuto, nos llamó para decirnos que es un “cagao” y que no viene. Hemos quedado en el aparcamiento de arriba del Pontón de la Oliva, pero la marchita sale del aparcamiento de abajo, así es que dirigimos todos los coches a éste. Nada más empezar, JA encuentra un almendro que asaltaremos a la vuelta porque el fruto es comestible. Cuando empezamos a adentrarnos hacia las cárcavas nos damos cuenta que ha llovido hace poco y vamos a tener barro hasta las orejas. También observamos que había muchos vericuetos y caminitos diferentes, por lo que coincidimos en seguir estrictamente el track que llevábamos pues si nos salíamos de él podíamos perdernos con facilidad. Nos adentramos en las cárcavas entre barro, piedras, matorrales, torrenteras, pero fijándonos bien en los GPS para no despistarnos. Nos aparecen columnas cónicas rojizas de piedras y arena al fondo de multitud de calles que surgen a derecha e izquierda y nos emborrachamos del espectáculo soberbio del que estamos disfrutando. Después de subir por diferentes torrenteras una buena altura, elegimos seguir de frente cuando deberíamos haber cogido la calle de la izquierda. Al cabo de unos diez minutos de subida pensamos que debemos desviarnos a la izquierda para retomar el track e iniciamos una subida por un canal muy estrecho y muy empinado (casi vertical) donde la ascensión se hacía muy difícil, agarrándonos a las ramas de los arbustillos, que los arrancábamos de raíz, las botas se resbalaban con el barro y el terreno se rompía con nuestras pisadas arrojando piedras que se despeñaban hacia el siguiente en la subida. Los bastones no nos servían de nada y teníamos que irlos arrojando hacia arriba, con el peligro de que no se nos vinieran encima, dado el fuerte desnivel por donde ascendíamos. Ya Jero nos avisó de que el camino que habíamos elegido se salía del track, pero dijimos que con tal de girar un poco volveríamos al mismo, pero no contábamos con estas dificultades. Estando ya casi al final de esa cárcava que cogimos, a Paco le dio un chasquido en la corva que pensó que se le había roto algún músculo o tendón. Tuvo un fuerte dolor en la pierna durante todo el transcurso de la marchita. Para acabar la ascensión de la cárcava, tuvimos que subirnos a las ramas de un árbol pues por el terreno era imposible caminar, ya que se desmoronaba la arena y las piedras que lo formaban. Llegados arriba de la misma, nos encontramos con un camino que rodea este conjunto de zanjas, torrenteras, etc. Encontramos enseguida un lugar para tomar los panchitos y nos encontramos con unas vistas espectaculares de todo este conjunto de grietas rojizas, de zanjas, que forman unas estructuras geométricas impresionantes. Regamos los panchitos con un vino Somontano que nos pareció estupendo (bueno, a JA no, porque ni lo probó, ya que él no bebe vino). Ahora el camino está muy bien y es bastante llanito. Nos metemos en el valle del Jarama al que oímos y vemos desde una considerable altura. Como estamos en otoño, los árboles tienen unos matices de colores que dan una vista portentosa, pasando por los diferentes tipos de verde, amarillos, rojos, naranjas, ocres, en fin, un verdadero festival para la vista. Nos da la hora del almuerzo y encontramos un roquedal al que tenemos que ascender desde el ancho camino, pero con un desnivel que no nos apetece, pero el sitio está muy bien y, ya que somos aguerridos montañeros, lo subimos sin rechistar (bueno, alguno dijo algo). Jero ha traído su empanada deliciosa (yo la uso como aperitivo) y turrón. Nos sentamos distanciados por el rollo del coronavirus y damos buena cuenta de nuestros alimentos (también los regamos con el mismo vino, claro). Una vez que cogimos fuerzas y descansamos un poco, iniciamos el regreso a los coches y cuando estábamos cerca del Pontón de la Oliva, en lugar de seguir la carretera que era muy larga y en zig-zag, cogimos el sendero por donde se meten los escaladores de las paredes verticales que hay en la margen izquierda del Lozoya. Vimos unos cuantos y luego tuvimos que atravesar toda la presa, por unos escalones inverosímiles, ascender hasta el camino que va por la margen derecha y luego bajar hasta el aparcamiento. Cuando yo llegué JA ya se había ido porque había quedado para dar un paseo por su barrio. Jero también tenía algún compromiso, así es que quedamos Wolfi y yo que nos tomamos un “tomo” en Patones y a casa. ¡Ah!, no encontramos ni una sola seta. Paco

viernes, 9 de octubre de 2020

Circular por El Pardo 7 Octubre 2020

 Esta vez sólo hubo dos participantes. Al ser una excursión circular consensuamos, Jero y yo encontrarnos en el aparcamiento de Somontes. A falta de pan, buenas son tortas. Me tocó aprender rápidamente manejar la track en mi móvil y por sorpresa funcionó. No hubo problemas dignos de mencionar para respetar la track hasta el final.


El día era precioso así que salimos contentos a las 10:45 apretando el botón de peatones para cruzar la carretera del Pardo y tomar rumbo norte. Al poco tiempo encontramos un precioso ejemplar de lepiota que resultó ser la única y última seta que vimos en toda la marcha.



 El terreno sigue demasiado seco.


Al topar con la vía de tren la bordeamos hasta que encontramos un túnel que nos permitió cruzarla e ir subiendo a las partes más altas del parque que por cierto estaba llena de huellas de bicicletas.
Pasamos por preciosos paisajes y ejemplares de encinas que nos hicieron olvidar la tradicional parada para tomar los panchitos, así que continuamos andando hasta la una y
 media.



 Nos cruzamos con unas mozas pero nosotros ni caso.
Al encontrar mesa y banco en la sombra aprovechamos a parar para comer, por cierto sin vino ni café pero con empanada, chocolatedel 70 % y Schnaps con 43 %


Reanudamos la marcha media hora después quedando un par de km hasta la tapia del palacio del Pardo. Desechamos la idea de visitar el cementerio de Mingorrubio y cruzamos el pueblo atravesando un parque con la fuente de Valpalomero secada por el virus


Llegado al río Manzanares tomamos la senda fluvial río abajo hasta Somontes. Observamos patos apetitosos (foto 8) y el puente del ferrocarril






 que pasamos por debajo para llegar sobre las 15:30 a Somontes. Jero se encontró unos conocidos de Standard en una terraza y después de una corta charla se fue a casa. Yo me permití toma una jarra de cerveza a la sombra de un sauce.
Jero no sale en las fotos porque era el fotógrafo encargado y yo tenía que reservar la batería de mi móvil para el track.
 
 
un saludo marchoso

wolfgang



















sábado, 3 de octubre de 2020

EXCURSION POR LA JAROSA Y LAS CAPILLAS DEL VIA-CRUCIS EN EL VALLE DE LOS CAIDOS








La excursión que se había seleccionado era la de La Cascada del Hornillo, pero como Jero tenía una prueba médica por la tarde y pensaba que yendo a esta podría acudir a la cita sin problemas, la cambiamos por votación mayoritaria.

Iniciamos la marcha puntualmente y nos adentramos en el bosque por la puerta de La Cerca de Felipe IIque formaba parte de las creadas alrededor de Madrid en el siglo XVI como aduanas de acceso a la villa y que ahora sirven como limitación de acceso al dominio del Patrimonio Nacional. Pero nosotros obviamente pasamos por allí como es debido, o sea “como Pedro por su casa”. Se tuvo que cruzar un arroyo llamado de Picazuelo. A través de una pista forestal hicimos una primera hora y media de recorrido por el bosque de pinos y robles aunque también mucha arizónica.

 

 

El recorrido estaba marcado por carteles indicativos de la zona que recorríamos con una pequeña reseña sobre sus características y cada una tenía un nombre, ¡qué bonito! Claro, claro es que estaba en la cercanías del V. dls Cds. Los nombre eran algo así como: En busca de agua, Agua necesaria, Caudal de Vida, La sed de Madrid, etc… Yo me imaginaba la camisa azul y el pantalón corto de nuestra época del Frente de Juventudes.

Así llegamos en hora y media al Alto de Picazuelo donde tomamos los panchitos. Emprendimos la marcha y atacamos ya una subida por senda empinada que nos llevó a la primera capilla que te hace preguntarte como es que a mitad de siglo XX todavía había gente que pensaba  como hacia varios siglos atrás para hacer esas burradas: capillas de bloques enormes, de granito en lo alto de montes escarpados para poder hacer un vía crucis que recuerde al sufrimiento de Jesús de Nazaret. Pero el sufrimiento fue sobre todo de los presos republicanos (rojos) que lo tuvieron que hacer.












Seguimos subiendo escalones que te llevaban a la siguiente estación del vía crucis y en general lo que más impresionaba era las vistas de todo el valle con la Cruz de los Caídos en medio. Después de subir al menos mil escalones llegamos a la más alta de las cruces que estaba en el Risco de la Brulera donde había una vista general amplia del valle, que parece sirve de vigía del monte.

Después de bajar tropecientas escaleras llegamos a la zona donde más o menos íbamos a comer, pero yo que iba el último me despisté y les perdí, así que me costó volver a encontrarlos pq se habían separado algo de la senda marcada por el gpx.

La comida regada con la bota de Paco con vino de (no recuerdo) pero bueno, café de Miguel y aguardiente de M. Angel fue como siempre un momento agradable de reposición de fuerzas y charla.

En una hora llegamos a aparcamiento de La Jarosa II y volvimos a casa, no sin antes pasar algunos en Guadarrama por un bar con terraza para saciar la sed con invitación de Paco. Otra jornada más en la que disfrutamos de estupendo día y solo mencionar que echamos en falta a Chicho (ah! y JL).

 



JP

viernes, 25 de septiembre de 2020

23102020 SALIDA A LA DEHESA DE MONCALVILLO Y CERRO DE LA PEDREZUELA

            Hoy es el primer día del otoño y esperamos pasarlo bien aunque hay anuncio de lluvia. Nos hemos juntado cuatro montañeros de los nueve que estamos en activo. Chicho, que es el que ha propuesto la excursión, nos ha escrito un guasap diciendo que no puede venir porque ha visto estornudar a su gata dos veces y cree que él ya tiene una gripe de mucho cuidado o incluso el coronavirus. En definitiva es un poco “cagao” para esto de las enfermedades.

            Hemos quedado en el km 5,7 de la carretera M-104 que va de S. Agustín de Guadalix a Colmenar Viejo. Iniciamos los cuatro, que somos Juan Ángel, Wolfgang, Miguel Ángel y Paco (el que escribe esta crónica), esta salida otoñal. Paco ya ha aprendido a descargarse los tracks y se siente más seguro en caso de separación del resto del grupo. La verdad es que va más lento que los demás y siempre llega a los puntos de encuentro el último. Con lo cual el recorrido lo suele hacer bastante solitario y, por ende, un poco aburrido. A unos dos km de iniciar saltamos una valla de piedras para entrar en la dehesa. Seguimos el track sin sendero, por mitad del campo. El paisaje es impresionante pues nos encontramos entre encinas y enebros con surgimientos rocosos y aunque el camino es llano, no deja de subir y bajar poco pero constante. Al fin, llegamos a la ermita de Navalazarza y aquí cambiamos el track y ponemos en nuestros móviles o GPS uno bajado de wikiloc que nos va a llevar hasta el cerro de La Pedrezuela. Cuando vamos a empezar la subida fuerte, nos paramos debajo de unas encinas y nos tomamos “los panchitos” regados con el vino de la bota, esta vez el llamado Armonioso de la Tierra Alta de Cataluña. Por cierto, Miguel Ángel trajo unas pocas uvas moscatel de la parra de su casa, que estaban excelentes.

            Es una subida sensacional por entre rocas, arena y vegetación baja y torrenteras que, aunque supone un esfuerzo, no deja de tener su encanto para nosotros pues la recompensa es la vista espectacular que nos ofrece la cumbre: se ve todo Madrid, la extensión de la dehesa, el cerro de S. Vicente (que le tengo ganas) y algunos embalses. Nos hacemos algunas fotos y comenzamos la bajada. Aquí alargamos los palos y confiamos en nuestros amortiguadores (rodillas) para no caer resbalando en algún roquedal con arenisca. Una vez que hubimos bajado al nivel de la dehesa, andamos un trecho sin camino y después volvimos a cambiar el track, el que nos había enviado Chicho. Las vistas son ahora panorámicas. Yo creo que ninguna foto puede reflejar la maravilla de esta inmensidad llena de árboles, pastos, vegetación no muy alta y un cielo azul claro con unas bellas formaciones nubosas. Pasamos cerca de una gran concentración de ganado vacuno y una vez rebasada, buscamos un sitio idóneo para llenar el coleto y descansar un poco. Encontramos un pequeño roquedal entre sol y sombra y empiezan a verse nubes un poquito negras que creemos que traen algo de lluvia. Esto hace que comamos un poco rápido no vaya a ser que nos pille la lluvia. Como el camino es bastante llano, la velocidad de la marcha se hace mayor y el Paco ya va atrasándose porque no aguanta esa velocidad, pero los otros tres le esperan y se inicia el camino de regreso a los coches. En vanguardia van  Juan Ángel y Miguel Ángel y en retaguardia Wolfgang y Paco. Empieza a llover, primero lentamente y luego un poco más fuerte. Poca cosa para nuestros paraguas y cubremochilas. Son unos dos km y medio (media hora, más o menos). Llegamos a los coches y dos nos fuimos a S. Agustín a tomar una tónica y los otros dos se fueron por Colmenar.

            Bonita jornada.

            Hasta pronto, amigos.

 

Paco.  





        

jueves, 17 de septiembre de 2020

EXCURSIONCITA PONTÓN DE LA OLIVA- PRESA DE LA PARRA (16/09/2020)



Mucho calor. Bueno, estamos en verano todavía. Tendríamos que haber venido en invierno.Muy llano, pero muy monótono, tanto el paisaje como el propio camino.

Hemos quedado en el aparcamiento de arriba del Pontón de la Oliva, más amplio y más accesible que el de abajo. Yo, de todas maneras, como no recordaba, me fui al de abajo. Esta vez nos hemos juntado cinco esforzados y entusiastas caminantes, Miguel ángel, José Luis, Juan Ángel, Wolfgang y yo, Paco, que soy el que lleva el vino, esta vez de Tielmes; tiene un poco de roble y lo he metido en bota, claro.

Empezamos la marchita viendo a varios escaladores en los farallones de enfrente. Es una vista espectacular, pues son paredes verticales con diferentes colores, alineadas unas a continuación de otras formando una cortina muy extensa que corre a lo largo del curso del Lozoya. Después de pasar una serie de argollas ancladas a las rocas laterales de la presa, que servían para que los trabajadores de la presa del siglo XIX se sujetaran para no caerse, entramos en un camino estrecho de tierra que avanza a media altura a lo largo del río. La vegetación es baja y no muy abundante, por eso nos va dando el sol en muchos trechos del camino. Comenzamos a sudar aunque no existe un desnivel pronunciado, caminando entre piedras y arena. El Lozoya corre formando pequeñas islitas hacia la presa, sirviendo a algunos patos como piscina para su navegación.

Después de una hora, vemos un grupo grande de vacas, se nos acaba el caminito de tierra y empezamos una pista forestal de grava y asfalto con muchos baches y piedras sueltas. Encontramos varias cuevas que eran minas de ataque que servían de acceso para el transporte de materiales y de entrada a los trabajadores.

A continuación encontramos una cascadita que alimenta al Lozoya donde podemos remojarnos un poco, ya que el sudor continúa. Nos tomamos el cacahuete a la sombra de unos fresnos y abedules en una pequeña explanadita. Probamos el vino y nos pareció bueno. Al continuar, pronto íbamos a entrar en una herradura y nos desviamos a la izquierda cogiendo un camino que ascendía a pleno sol: es un atajo, para evitar la herradura, pero no hay atajo sin trabajo. El ascenso, bien, pero caluroso. El descenso, en picado, y reteniendo el cuerpo con riesgo de caída. No me gustó nada,ni a Wolgang que venía conmigo. Cuando nos juntamos con M.Á. y J.L., tampoco quedaron muy satisfechos de este atajo, manifestando que la vuelta la harían por la herradura. Atravesamos una casa en ruinas, que es donde yo me eché una siesta en otra excursión hace ya muchos años. Hay una foto en el blog, donde aparezco.

Enseguida llegamos a la presa de la Parra, que es la que hay después de El Atazar (siguiendo el curso del río, claro). Fin de la excursión, 8 km.

Iniciamos la vuelta y pasamos por la herradura, donde hay una almenara de sedimentación de la presa de la Parra y a continuación otra pequeña presilla, que se llama de Navarejos. Después nos encontramos con muchas colmenas y varios avisos de que pasemos con precaución pues como se enfaden las abejas, son capaces de atacarnos sin contemplaciones.

Almorzamos en la conexión entre el camino de tierra y la pista forestal de grava y asfalto, nos zampamos nuestros bocatas regados con el vino de la bota (a excepción de Juan Ángel, que no gusta el vino), nuestros postres, y el que quiso se metió entre pecho y espalda un traguejo de “petrolato” aportado por M.Á. para iniciar el último tramo de la excursioncita. Yo estaba ya cansado, cosa que no me ocurrió en las anteriores veces que vine. Tal vez sea por el calor.

Después de una hora, avistamos las cárcavas y los farallones dándonos cuenta de que el final estaba cerca.

Los dos primos se largaron en sus coches y Wolgang, J.Á. y yo nos paramos en Patones a tomarnos un “tomo” (cada uno lo que quiso), donde nos encontramos con Fernando de Acrola y charlamos un ratito (con máscaras, por supuesto). Ellos habían ido a Cabeza Antón, en el Atazar y nos dijeron que también deberían haber subido en invierno, pues el calor les había resultado un hándicap algo durillo.

Y de aquí, cada cual a su casa. ¡Hasta pronto!


Paco