miércoles, 19 de octubre de 2011

RT196 - Camino Viejo de Segovia ----19 octubre 2011

He incluido las imágenes de la excursión y del perfil para que ya las tenga aquí el que escriba la crónica.
Chicho





Por petición de Manolo, he incluido unas fotos relacionadas con una actividad "no oficial" dentro de nuestro grupo, denominada búsqueda de "geocashs", en la que algunos de los excursionistas "desaparecen" de cuando en cuando para ir tras esos "tesoros ocultos". Las fotos muestran el "geocach" que había en el GR10, muy cerca del Collado de la Marichiva en donde comimos, y las vistas que desde el lugar se podían disfrutar  y  que los marchosos reconocerán(suelen estar los geocachs en lugares muy interesantes). 

Cerca de Marichiva-GR10 Geocach  19.10.2011

Marichiva-GR10 mirando hacia 7 Picos

Marichiva-GR10 mirando hacia Segovia
Cumbres del PR4 (Majada Pielera?-2004 m -Pico Pasapán?-2005 m )

Chicho
Con el beneplácito de Paco, supremo guardián de la bota. Saludos JL

Fotos: https://picasaweb.google.com/107086082323572351540/CVDeSegovia?authkey=Gv1sRgCIHbzt3g8uD4gAE


viernes, 7 de octubre de 2011

Miraflores-La Parada del Rey - Comienzo de curso 5 octubre 2011

Llegaba octubre, y como en años anteriores los Marchosos sugerían un comienzo de curso. No se canta el "Gaudeamus igitur" yendo en procesión, sino que pasea por algún sendero/cañada de los alrededores y se termina bebiendo y comiendo en  Miraflores. 

El día prometía ser caluroso y se decidió que lo mejor era acercarse a la Fuente del Cura y recorrer alguno de sus sombreados senderos. A mitad de camino, el grupo se dividió, y algunos se fueron a la Hoya de San Blas y el resto decidió subir a La Parada del Rey, en donde nos detuvimos para tomar los frutos secos a golpe de bota y maravillarnos viendo la huida de unos sorprendidos y jovencísimos corzos. Hubo incluso tiempo para buscar y encontrar un "geocach", que es como se le llama ahora a un juegecito  en el que, incluso las personas mayores como nosotros, buscan "tesoros" ocultos en los caminos y se ponen muy contentas cuando los encuentran. 

La vista desde este lugar, hace olvidar los más de 200 m de la subida, pero merece la pena, ya que desde allí se divisa la mole de la Najarra que vigila los pinares que crecen a sus pies y acompañan al camino que sube hacia el puerto de la Morcuera, y los densos robledales que rodean al embalse de Miraflores. A la vuelta, atravesamos el robledal por un fácil y sombreado camino, que no aparece en los mapas del SIGPAC, y que está señalizado con marcas "Verde/Blanco" de una "ruta verde-RV",  que nos devolvió al camino de la Fuente del Cura.

Al llegar a la casa pequeña en donde teníamos la comida, el vino, la cerveza y la sidra (todo lo que tan generosamente habían traído) , alguien dijo que había que poner un poco de orden a ese enjambre de excursionistas que querían participar. Unos se dedicaron a preparar el arroz que acompañó a los conejos, otros encontraron una mesa circular debajo de una encina y allí dispusieron los aperitivos. Después se comió, se bebió e incluso un "antiguo leader" fue a buscar a la mochila una hoja con frases muy ingeniosas que todos reímos. El que nos había llamado desde el cementerio, porque estaba perdido ( la edad!), incluso se tuvo que cambiar de sitio a los postres diciendo que hacía mucho calor y que abriéramos la ventana.(la edad? el vino?). Aunque sería mentira decir que echamos de menos a los dos que no pudieron venir (somos así siempre), si es verdad, que el que escribe se acordó de uno de ellos cuando "el del cementerio" se cambio de sitio por el calor. Qué curioso!!.

Finalmente, el dueño de la casa los despidió diciéndoles que él se quedaba a recoger, pero Neska, la perra, sabía que no era por eso.








Chicho

jueves, 29 de septiembre de 2011

Cerro de la Camorza


La Pedriza- Cerro de la Camorza (28/09/2011)
Hoy Paco ha traído a un nuevo elemento al grupo como invitado: se acaba de jubilar y se llama Juan Ángel (JA de ahora en adelante). La idea es que se integre con nosotros, si tanto él como el grupo lo consideramos aceptable. Al final somos ocho: JP, MAN, PAC, JA, JL, MA, CHI y JER.
Habíamos quedado en Canto Cochino para debatir a dónde coño íbamos porque sólo sabíamos que la excursión se desarrollaría en La Pedriza. Después de unas cuantas propuestas, se decidió subir al cerro de La Camorza, que está cerca del collado de Quebrantaherraduras. Nos ponemos en marcha llevando como guía a JP, aunque también Chicho tiene su GPS. Después de subir un rato sin camino ni senda a la vista, el guía nos dice que se ha perdido, que aunque conoce dónde están Quebrantaherraduras y el Cerro de la Camorza no encuentra un camino adecuado para subir. Así es que descendemos hasta la carretera y enfilamos la senda que sube al collado. El paisaje, es de pino y jara fundamentalmente, con muchas rocas de diferentes formas, colores y alturas, en definitiva, sensacional. Además nos acompaña un día no soleado que nos hace la caminata más agradable.
Ya en el collado, bebemos agua, meamos, e iniciamos el ascenso al cerrito por una sendilla que sale a la izquierda y asciende suavemente. Luego se pierde, pero seguimos subiendo por el pinar hasta que encontramos otra senda, mejor trazada, que parece que nos va a llevar a la cima. Ya desde esta altura podemos disfrutar de la vista del valle de la Pedriza, que por muchas veces que lo veamos, siempre nos impresiona.
En total vamos a subir desde 1040 m a 1213 m: no está mal para ser una excursioncilla de entrenamiento. En el pico de la Camorza hacemos un alto y nos tomamos los “panchitos”, la fruta y el vino (esta vez un reserva de Cariñena). La vista es majestuosa, se ven los pueblos de Manzanares el Real, Mataelpino y otros, así como el embalse de Santillana, la sierra de Hoyo de Manzanares y al fondo, las torres monstruosas de Madrid. Una vez hartos iniciamos el descenso con la idea de llegar a la ermita de Peña Sacra y descender al Tranco donde podíamos almorzar. Vale. Pues descendemos a zurrumbullón, a punto de despeñarnos, haciendo alarde de tener buenos amortiguadores y llegamos al río y al Tranco con gran ventaja sobre el horario previsto.
Resulta que donde hemos aterrizado, en el kiosco Los Lujos, hay unas mesas con hules puestos y permanece cerrado. Unos pocos deciden quedarse mientras otros se van a tomar una caña en un lugar cercano. Estos últimos lo encuentran después de andar un rato y de encontrarse a una mujer más vieja que la tía de Esopo que venía en sentido contrario, pero se vieron gratamente sorprendidos al ser invitados por MA pues quería celebrar así la boda de su hijo. Nos tomamos unas cañas y nos pusieron de aperitivos carne de venado guisada y unos tomates de huerta, pues sabían incluso a tomate.
Al regresar, los que se habían quedado no habían perdido el tiempo pues se estaban apretando unas cervecitas, ya que el kiosco estaba abierto.
Pues bien, ya era la hora del almuerzo, así es que nos pusimos ciegos para resarcirnos del “gran” esfuerzo efectuado y santas pascuas. Una vez terminadas las viandas, JP sacó, no se sabe de dónde, y con una rapidez inaudita, dos artículos del periódico para debatir: la diáspora fue inmediata, dos se fueron a ver la ermita, otros dos se bajaron al río a dormir la siesta y otros tres, que no reaccionaron a tiempo, tuvieron que resistir el chaparrón y hacer como que les interesaba el tema, incluso emitieron algún que otro juicio no exento de sensatez.
La vuelta de El Tranco a Canto Cochino por el caminito habitual, donde encontramos varios grupitos de personas jubiladas caminando en sentido contrario.
Los coches estaban allí todavía, no nos los habían robado. ¡Qué bien!
Paco.

Fotos:https://picasaweb.google.com/107086082323572351540/Camorza?authkey=Gv1sRgCIi_-dS3-pHqbw



viernes, 23 de septiembre de 2011

RT328-Siete Picos-Vuelta por Camino Schmid - 21 septiembre 2011

 
Llegamos Manolo, Paco y yo al aparcamiento del Puerto de Navacerrada donde ya nos estaban esperando JG con nuestro guía canino Neska, JL, Chicho, Jero y JP. Llegamos un poco más tarde porque nos había pillado un atasco en el túnel de la M-30 que creíamos que nos iba a retrasar  nuestra llegada al punto de encuentro, pero se despejó una vez que pasamos la desviación a la universitaria.
Iniciamos nuestro ascenso por el camino que sale enfrente del aparcamiento. Cruzamos la carretera hacia Venta Arias, y dejándola a mano izquierda, subimos por el camino asfaltado que también  es el acceso a la residencia militar del ejército del aire.
Una vez que se acaba el asfalto y bordeando los remontes del Telégrafo tomamos el camino de la izquierda de los dos que salen una vez que dejamos atrás los remontes. Vamos por un ascenso suave durante 2,5 km. hasta que llegamos a la pradera de Siete Picos donde hay que encarar un fuerte repecho de aproximadamente un kilómetro que hay que subir zigzagueando siguiendo los hitos que han ido dejando previamente otros senderistas para no perderse entre los pinos.
Una vez que llegamos al primer pico nos detenemos para tomar nuestros cacahuetes y darle unos cuantos tientos a la bota que hoy traía vino de ribera. Llegamos con las piernas  doloridas ya que el último tramo ha sido un poco rompe huesos.
Una vez disfrutado de este pequeño descanso y de los frutos secos con el apoyo de la bota seguimos por la cuerda de los Siete Picos. Durante este recorrido se nos despistan varias veces nuestros compañeros buscadores de tesoros JG y Chicho.
Llegamos al Collado Ventoso donde nos sentamos a esperar a los buscadores de tesoros y de paso a preparar los platos para la comida. Tenemos enfrente a una parejita que seguro que habían buscado un lugar solitario y retirado para solazarse entre la naturaleza durante la siesta  y se han encontrado con ocho pares de ojos que aunque sean de vista cansada no por eso dejan de ser buenos observadores. Una vez que llegan los rezagados iniciamos el banquete entre ensaladas, quesos, filetes empanados, todos ellos regados con buen vino de ribera,  y de postres frutas y chocolates. Se echa de menos las galletas de chocolate Príncipe pero esta vez el suministrador nos ha fallado.
A las 3.45h, una vez reposada la comida entre siestas y charlas políticamente correctas, nos dirigimos al punto de inicio por el camino Schmidt. La bajada es suave y agradable aunque las moscas están un poco pesadas, será por la época. Dos kilómetros antes de llegar a nuestro destino se inicia un pequeño repecho que como de costumbre, a estas alturas de la marcha, fatigan a más de uno.
Otra etapa más en nuestro currículo de marchosos.
Pablo

martes, 20 de septiembre de 2011

Excursion a la cascada de El Purgatorio del 14.9.2011


La escogió Paco animado por el arranque de la temporada que habíamos tenido la semana anterior. Aunque nos había informado que no vendría hasta Octubre parece que pudo más la nostalgia. Se propuso aprovechar el que había sufrido reformas El Monasterio muy significativas para hacer una visita a la vuelta. Así que planificamos llegar  sobre las 17hs para poder hacerla.

Al juntarnos todos en el parking del monasterio ya nos dimos cuenta que sería un día caluroso, pero pensamos que  el hecho de ir por el arroyo de El Aguilón la mayor parte del recorrido  nos lo haría más soportable, como así fue. El recorrido es dirigido por unos indicadores hacia los caminos forestales que bordean por la izquierda el arroyo hasta que llegado a un punto (donde tomamos los panchitos y le dimos los primeros achuchones a la bota del  rioja que nos trajo Pablo) hay que virar hacia el arroyo y se coge su orilla derecha para no dejarla ya hasta la cascada. Este tramo es el más ameno puesto que la vegetación es exuberante lleno de arces y sauces además de los consabidos pinos, y el arroyo por aquí se comporta como tal. Llevaba más agua de la que cabría esperar para el verano tan seco que hemos tenido.

Una vez alcanzada la cascada estuvimos disfrutando de ella un buen rato metiéndonos en sus entrañas hasta donde dejaba y algo más, haciendo fotitos y finalmente nos pusimos a comer a la fresquita. En el calor de la tarde nos dispusimos a regresar y algunos nos empeñamos en volver por el arroyo todo el tiempo hasta el puente, en vez de hacer caso a las señales. Este sera el camino mas recomendable por ser mucho mas interesante y fresquito para otras veces.

Por el camino habíamos dejado a JS que no iba a realizar toda la marcha y se quedó en Las Presillas esa zona de recreo en la que se bañan y toman el sol tan placentera cerca del puente de El Perdón. Allí comió JS y nos encontramos sobre las 16,15 hs.  Nos tomamos  unos refrescos gozosamente durante un rato y nos fuimos a hacer la visita del monasterio.

Lo primero que vimos es que ahora había que pagar y estaban allí tres monjes controlando. Uno de ellos, el regordete conocido ya por alguna otra visita nos acompañó y nos daba las explicaciones. Nos lo pasamos muy bien puesto que se comportaba igual que lo hacían los frailes que nos han educado,  que no les gustaban las preguntas y constantemente nos echaba en cara que no prestábamos atención suficiente. Como digo todo bastante kitsch y muy divertido como en aquellos tiempos…

La descripción de la visita la voy a casi copiar de una que hay en la web que será mejor para todos y más barato:
Orígenes- Por orden de Enrique II de Castilla las obras de construcción del cenobio cartujano dieron comienzo en 1390 y se prolongaron durante varios siglos. Fue la primera fundación de la orden de San Bruno en Castilla. La ubicación fue elegida por el monarca y, según cuenta la tradición, decidió que el monasterio fuese de la orden cartuja debido a que, durante la guerra en Francia, su ejército había incendiado un monasterio de la misma orden. Enrique II se ocupó de señalar a su hijo, que reinaría como Juan I de Castilla, el lugar exacto de la construcción, junto a una ermita que se conocía como Santa María de El Paular. Esta ermita aún sobrevive hoy aunque rebautizada como Capilla de Nuestra Señora de Montserrat.

La Iglesia- El proyecto contaba con tres edificios: el monasterio, la iglesia y un palacio para uso y disfrute de los reyes. La iglesia tomó forma final durante el reinado de Isabel la Católica (1475–1504) y es la parte más sobresaliente de todo el conjunto. La reja que separa los fieles de los monjes fue realizada por el fraile cartujo Francisco de Salamanca y es una obra maestra en su género. La sillería del coro se repuso recientemente en su actual y original ubicación, puesto que en el año 1883 había sido trasladada a la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid. Esta sillería, de madera de nogal, fue tallada en el siglo XVI por el segoviano Bartolomé Fernández, que también fue el creador de la sillería de la iglesa del monasterio de El Parral en Segovia. Lo mejor, sin embargo, es el retablo, realizado a finales del siglo XV en alabastro policromado. Recrea una serie de 17 escenas bíblicas con un extraordinario detalle.

Por encargo del prior Juan de Baeza, entre los años 1626 a 1632, Vicente Carducho —coetáneo de Velázquez y como él pintor regis— pintó para los 54 huecos del claustro del Paular otros tantos grandes cuadros sobre la vida del fundador de la orden, San Bruno de Colonia, así como la historia de la orden cartuja, que constituyen una página de gloria de la pintura universal. Tras la desamortización en 1835, fueron arrancados y repartidos entre diversos museos e instituciones, pero sorprendentemente se conservan en España 52 de estos cuadros. Los dos que faltan fueron quemados durante la guerra civil por los republicanos en Tortosa, Tarragona, en cuyo Museo Municipal se hallaban depositados.
Tras la devolución de los dos coros, obra de Bartolomé Fernández, que se custodiaban en la basílica de San Francisco el Grande de Madrid, quedaba la hermosa tarea de conseguir la restitución al claustro cartujano de los cuadros de Vicente Carducho. El Museo del Prado guardaba el mayor número de ellos, 17, seguido del Museo Provincial de La Coruña, 14. En el verano de 2006 finalizó lo que parecía imposible: la restauración de los 52 cuadros del ciclo. Téngase en cuenta que cada uno de los 52 «mediopuntos» mide 3,45 x 3,15 metros, y que el estado de conservación de casi todos era deplorable. Tras las importantes obras de restauración y climatización del claustro, culminó en verano de 2011 un sueño actual de la historia del arte: el retorno de la serie cartujana de Vicente Carducho a su sitio, el claustro de la Real Cartuja de Santa María del Paular.

La capilla del sagrario- Comprende por una parte el tabernáculo o transparente propiamente dicho, que es una estructura exagonal que alberga un Sagrario monumental, construido en 1724 con mármoles de colores extraídos en canteras de Cabra, Priego de Córdoba, Granada y serranía de Córdoba. En él se colocaba una gran custodia barroca de 24 arrobas de plata, realizada por el cordobés Pedradas y que ocupaba el centro del tabernáculo, desaparecida probablemente durante la «Francesada». Y por otra parte, una capilla octogonal con cuatro capillitas y tres altares. El resto son del vallisoletano Pedro Alonso de los Ríos. La parte pictórica, de la que hoy quedan pocos restos, la ejecutó, en 1723, el bujalanceño Antonio Palomino como final de su carrera.
La sala capitular es una pieza rectangular cubierta con tres tramos de bóveda de ojivas. Durante la restauración del siglo XVIII, se colocó un falso entablamento adornado con angelotes y frutos policromados, así como con un escudo de Castilla en el muro occidental. Posee un retablo también de estilo barroco, obra de Churriguera, con seis columnas salomónicas en el cuerpo central, adornado con angelotes y profusa vegetación. Presidía el retablo una bella estatua de San Bruno (hoy en la cercana iglesia de Rascafría) acompañado por San Hugo y San Antelmo, que siguen en sus respectivas hornacinas. Actualmente ocupa la capilla central del retablo una imagen de la Inmaculada que antiguamente estaba situada en la parte superior del arco de separación entre los coros de los hermanos y los monjes en la iglesia mayor del monasterio. En la parte central superior destaca la Crucifixión de un gran dramatismo.

Historia- Junto a la iglesia y el edificio del monasterio, los monjes cartujos poseían una extensa parcela de tierra que cultivaban con esmero y varios talleres artesanos. Durante siglos los monjes de El Paular explotaron eficazmente la pesca en el río Lozoya, los bosques de los alrededores, rebaños de ovejas y dos batanes, uno para la sierra de madera y otro para fabricar papel. Desde el siglo XV al siglo XIX casi todo el valle del Lozoya dependió en gran parte de la actividad agrícola, industrial y comercial del monasterio. En el siglo XVII trabajaban en el batán del papel 40 obreros, y en él se fabricaron los pliegos de papel en los que —en el taller de Cuesta, en 1604— se imprimió la edición príncipe del Quijote. En el lugar donde se levantaba este batán existió hacia 1950 un albergue de la Sección Femenina, del que no quedan hoy más que ruinas. Lo que aún puede observarse, junto a una alameda que termina en el puente del Perdón, son los restos de los estanques y caceras que abastecían de agua a estos molinos.

En 1835 la desamortización de Mendizábal afectó de lleno al monasterio y la orden Cartuja fue exclaustrada. Buena parte de las obras de arte que el monasterio contenía se perdieron entonces, como, por ejemplo, los retablos y altares que decoraban las paredes de la iglesia y los miles de libros que albergaba su magnífica biblioteca. Ya sin monjes que ocupasen el claustro, en 1876, poco después de que Alfonso XII ascendiese al trono, el gobierno declaró al Real Monasterio de Santa María de El Paular como Monumento Nacional, lo que, probablemente, salvó al edificio de la ruina total. En 1918, la Dirección General de Bellas Artes creó la «Escuela de Pintores del Paular», que becaba la estancia de pintores durante los meses de verano en las antiguas celdas. Por entonces, esas celdas medio derruidas cobijan en verano también a hombres como el historiador Ramón Menéndez Pidal o el poeta Enrique de Mesa, y el monasterio comienza a ser el centro neurálgico de la actividad científica y montañera de los hombres de la Institución Libre de Enseñanza, fundada por Francisco Giner de los Ríos. Y al calor de ésta, en 1913 se funda la Real Sociedad de Alpinismo Peñalara, que hará de la torre entonces desmochada del Paular emblema de su revista mensual.

Pasada la guerra, y sumido ya en el abandono, en 1954 el gobierno del general Franco cedió el monasterio en usufructo vitalicio a la orden benedictina (en la escritura de cesión a los benedictinos se dice textualmente «al no haberse podido hacer cargo de ella la orden de los cartujos»). Y según ello, vinieron doce monjes procedentes de la abadía de Valvanera, en La Rioja. Ocho monjes mantienen hoy vivo el viejo cenobio.



 JP, sustituto de Paco que está inválido de una mano


sábado, 10 de septiembre de 2011

Alrededores de la Majada del Cojo - 7 septiembre 2011


Como aún no habíamos empezado con la asignación de "leader" de la excursión, fue JP el que propuso varios itinerarios para comenzar el curso 2011/2012 este primer miércoles de septiembre. La manada aún está dispersa y sólo acudimos cinco (JP,JL,JGC,Pablo y yo) a su proclama. Es casualidad que el año pasado hiciéramos esta misma excursión el 8 de septiembre, no me acuerdo si fue JP el que también la propuso, en cuyo caso habrá que ver si es un autómata y cada año propone lo mismo. Se investigará.

No es afán de protagonismo el que me lleva a teclear esta entrada, sino que, como diría Manolo, no hay que perder las costumbres y dejar huella de cada una de nuestras salidas, así que por eso lo hago. La excursión, de casi 14 km y un poco más de 100 m de desnivel, no fue muy dura. Comimos en la Majada del Cojo, en una explanada con sombra que hay cerca del albergue. La bota de Paco, nos acompañó, por gentileza de Pablo,  con un Ribera del Duero que fue muy bien acogido. Neska, gorda como siempre, pasó un poco de calor y ya se le sugirió a Jesús que compre un barrilito "San Bernardo" y se lo ate al cuello, para así tener reservas para saciar su sed. No se habló mal de los que no habían acudido, ya que no nos fiamos unos de otros y podrían llegar los comentarios a ellos.

La imágenes de la excursión y su perfil aparecen por cortesía de JL.




Saludos

Chicho

sábado, 27 de agosto de 2011

Prestar atención

Benjamin Disraeli, dejó escrita la siguiente confesión: "Mi modo de ser exige perfecta soledad o perfecta compañía". Hay una soledad activa, en la que sentimos la dicha de volver a encontrarnos con nosotros mismos tras haber estado absorbidos por otras solicitudes que enajenan temporalmente nuestra intimidad; y hay también una sociedad activa, en la que disfrutamos de los placeres comunitarios que sólo el comercio con los demás puede suministrarnos.
Entremedias, una variedad de formas deficitarias de instalarse en el mundo, que son las que Disraeli impugna: ese aislamiento no buscado, empobrecedor, deprimente, que nos separa del entorno creando a nuestro alrededor un foso infranqueable; y en el otro extremo, el triste estado al que nos lleva el latoso, ese espécimen sobreabundante en la vida social que se caracteriza, en definición de Benedetto Croce, por "quitarnos la soledad sin darnos compañía". El hombre es una entidad atencional y por eso el latoso, que, con malas tretas, se hace con nuestra atención para luego defraudarla o maltratarla, nos está sustrayendo lo que más propiamente somos.
El hombre es tiempo, suele decirse, pero, hay que añadir, no cualquier tiempo, no, por ejemplo, el que erosiona la roca con lento desgaste sino sólo el consciente, atentamente vivido. Porque el yo, ese centro intangible y ubicuo, late fragmentariamente en todo cuanto hace, piensa, imagina, habla o siente, pero para encontrarlo entero hay que averiguar dónde pone su atención. En la atención al yo le va su ser. Y como los niños lo presienten, no se conforman con la presencia distraída de sus padres y lo quieren todo de ellos "reclamando su atención" constantemente con mil menudencias.

 La sociedad en su conjunto se sustenta sobre el arte de intercambiarse "atenciones" unos a otros para, aprendiendo a limitar la propia agresividad y el egoísmo a flor de piel, permitir la convivencia en paz y armonía. Reconvenimos a quien contraviene las reglas de urbanidad "llamándole la atención" sobre su indebido comportamiento; y al contrario, juzgamos "atenta" a esa otra persona de delicada cortesía que se muestra deferente en el trato con los demás y, poniéndose en el lugar del otro, mira por su bienestar y sus intereses. Una sociedad de hombres bien educados sería aquella en la que sus miembros han adquirido el hábito de cuidar del placer ajeno con muestras más o menos codificadas de respeto y consideración, una práctica que damas y gentilhombres llevaron a la categoría de obra maestra en aquellos salones parisinos del XVII y XVIII, escenario privilegiado de la "conversación civil".

Y si ciudadanía y amistad son en alguna manera, como se observa, fenómenos atencionales, el enamoramiento vendría a exasperar esa tendencia, al menos para Ortega y Gasset, quien en Estudios sobre el amor cavila acerca de esta anomalía psicológica que arrastra al amante con morboso impulso a concentrar en el amado toda su atención, antes saludablemente dispersa en una rica variedad de asuntos.

Corolario de lo anterior es que la atención es sagrada y, para mí, uno de los dioses penates de mi particular panteón. Quien se aproxime a alguien que no le ha hecho ningún daño con el propósito de arrebatarle su perfecta soledad, que se pregunte antes si se siente con fuerzas de transportarle a una perfecta compañía y, si no se ve con esa capacidad, que, por favor, se abstenga, salvo casos de fuerza mayor.

Por eso es tan exacta la expresión española "prestar atención". La atención en todo caso se presta, no se regala a fondo perdido. Quien pide nuestra atención, toma ésta a préstamo y concurren sobre él las obligaciones del prestatario en lo concerniente al deber de poseer, conservar y usar con diligencia la cosa prestada. Más aún, en la medida en que ha tomado en préstamo nuestro bien más preciado, de sagrada naturaleza, y ha disfrutado de él durante cierto tiempo, lo correcto sería que nos lo devolviera con intereses, retribuido con la moneda de la amenidad, el pasatiempo, la alegría, la satisfacción de la curiosidad o la ampliación de conocimiento.
Cuando se habla de altruismo en tantas ocasiones y contextos tan favorables debería tenerse en cuenta que no hay mayor filántropo que quien en la vida corriente trata con benevolencia una atención ajena previamente captada, mientras que quien la desatiende y se comporta no como lo que es, poseedor adventicio y provisional de ella, sino como propietario y por añadidura despótico y grosero ¿como esos gigantes "follones y lascivos" a los que valerosamente combate Don Quijote? ese tal es un delincuente, aunque haya creado la ONG más admirable del mundo.

Pues somos tiempo, se decía al principio, y el latoso que nos permuta alevosamente soledad por aburrimiento, mata el tiempo que somos y en puridad nos está matando a nosotros, aunque por desgracia el código penal, siempre por detrás de la historia, no haya tipificado todavía este delito de lesa humanidad. Y conviene recordar, finalmente, que la condición de latoso no es exclusiva del individuo sino que una densa trama de actos protocolarios a los que las expectativas creadas en la vida privada y profesional nos obligan a asistir usuran nuestro tiempo sin aparente beneficio de nadie, y así hartas veces es precisamente la propia sociedad la que se constituye en el más temible y alienante de nuestros time consumers.

Excuso decir que el mismo riesgo se cierne sobre cada uno de nosotros respecto a los demás y, con especial intensidad, a los que componemos textos con la pretensión de que terceros de buena fe dediquen algún tiempo a su lectura. Llegado este punto, mi mejor contribución a la cruzada anti-lata que he iniciado sólo puede ser apresurarme a terminar mi artículo y devolverte, lector, compañía y soledad, en la confianza de que el préstamo que me has hecho no te haya resultado demasiado oneroso.

JAVIER GOMÁ LANZÓN                BABELIA      27.8.11       Gentileza del pesado de JP

martes, 9 de agosto de 2011

¿Cómo lograr que el amor perdure?

El resto del año, suponiendo -claro está- que los dos no estén en el paro, es más fácil la convivencia, ya que apenas se ven. Pero la necesidad de desayunar, comer y cenar juntos todos los santos días durante dos, tres, cuatro semanas, de bajar a la playa juntos, de tener que buscar temas de conversación, de no tener excusas ("estoy muerto/a, cariño") para evitar el contacto sexual somete la relación a una serie de pruebas que muchos son incapaces de superar.

La diferencia que impone la crisis es que no hay salida. Puede ser que estés locamente enamorado de otra persona, que sin ella la vida no sea vida, y tal, pero el cálculo financiero se impone a la pasión, el pragmatismo al romance y te sometes al purgatorio de un matrimonio sin amor.

Volviendo a la premisa inicial, ¿es una ventaja el que haya menos divorcios, o no? Bueno, quizá sea bueno para los hijos, siempre y cuando las parejas puedan mantener la comedia de que no se llevan tan mal. Yendo más al fondo de la cuestión, uno se podría replantear la ortodoxia de que un matrimonio debe ser feliz. El otro día hablaba con una amiga madrileña que me aseguraba que el 80% de las parejas estables que conocía era infeliz; otra, en Nueva York, me decía que la mayoría de las mujeres desprecia a sus maridos.

¿Será lo que hay? ¿Habrá que joderse? No. Hay que seguir buscando. Aunque solo un 20% dé con la respuesta a la gran pregunta que nos propone la vida, cómo lograr que el amor perdure, hay que intentarlo. La crisis te lo pone más complicado. Pero también te ofrece un reto: encontrar la solución con la persona que ya tienes a tu lado. Las vacaciones pueden ser un buen momento para empezar.

También de John Carlin del día de mi regreso en El País

 Es una cortesía de JP


jueves, 28 de julio de 2011

La humilde chulería

De viaje en Nueva York, me encuentro con una nueva definición de un antiguo fenómeno social. The humble brag: la humilde chulería. El tono o el contexto son humildes. Uno aparentemente se está menospreciando, o quejándose de la malicia del destino. Pero el objetivo real es chulear: lanzar un mensaje que provoque envidia o admiración.
Ejemplos:¡Hice el ridículo total! Viajé en primera pero el vuelo a las Seychelles llegó con dos horas de retraso. ¡Qué agobio! Conseguimos un palco para la final de Wimbledon pero los canapés en la sala VIP, un asco.
Mi hija de 10 años es la mejor de la clase pero me tiene preocupado: se pasa las vacaciones leyendo a Dostoievski.

Marqué cuatro goles pero no hubiera sido posible sin el apoyo de mis compañeros.

El servicio de limpieza de habitaciones en el hotel Sofitel de Manhattan, lamentable.

Caer en la humilde chulería es mentirse a uno mismo. Uno necesita que el meollo presumido de la cuestión no pase inadvertido, pero quiere creer que al agregar el matiz, al echarle ese toquecito de autodesprecio, uno acaba cayendo supersimpático. Soy un campeón, pero sigo siendo un tipo cualquiera.
La verdad, claro, es que al interlocutor no le engañas. La respuesta infalible al chulo humilde es "¡Qué cretino! Me echa en cara su estatus superior, me hace sentirme pequeño, y encima pretende que le padezca sus desgracias".
Lo peor es que todos hemos sucumbido en algún momento a esta doble idiotez. El fanfarroneo es un impulso infantil que coge fuerza durante la adolescencia, que se diluye con el tiempo -al darnos cuenta de que genera rechazo-, pero que nunca desaparece del todo. Por eso buscamos fórmulas menos inaceptables para comunicar lo mismo. Lo ideal, como bromeaba mi padre, es hacer algo espléndido o generoso sin decir nada, pero que al final la gente se entere por otros medios. "¿Sabes que fulano contribuye con 50 euros cada mes a Médicos sin Fronteras pero nunca lo ha contado? ¡Qué tipo más majo!".
Pero pocos tenemos la paciencia o la modestia para esperar meses o años hasta que nuestra grandeza se descubra. Caemos en la tentación, y demasiadas veces hacemos doblemente el tonto al recurrir a la humilde chulería. Yo mismo no he podido reprimir contar en la primera línea de esta columna que he estado de viaje en Nueva York. Pero, créanme, hacía un calor insoportable, pegajoso, y dos capuchinos en el hotel Pierre de la Quinta Avenida me costaron 24 dólares, y...
Artículo publicado en El País por J.Carlin el 26.7.11

Es una gentileza de JP

sábado, 23 de julio de 2011

Cuando llame Rajoy

Podría apostarse a que, si gana, lo primero que hará Rajoy tras constituir su Gobierno será llamar a Rubalcaba y proponerle un pacto de Estado para desplegar una política de ajuste no muy diferente de la que Zapatero ha venido aplicando con más o menos éxito desde mayo de 2010 con el rechazo, o como mínimo sin el apoyo, del PP. Fue precisamente la dificultad para encontrar elementos claros de diferenciación programática lo que llevó a los estrategas del PP a poner el acento en el liderazgo y, por tanto, en la necesidad de cambiar cuanto antes de Gobierno adelantando las elecciones. Montoro lo ha formulado diciendo que poner fin a la legislatura sería el mejor mensaje para recuperar la confianza de los mercados.
Pero Rajoy ya debe saber que se trata de un deseo, no de una expectativa avalada por la experiencia de los tres países intervenidos por la UE, en todos los cuales el cambio de signo de sus Gobiernos no ha aflojado la presión. Sobre todo en Grecia, cuya bancarrota se produjo con Gobierno conservador pero fue el socialista salido de las elecciones el conminado a aceptar unas condiciones draconianas (altos intereses y recortes del gasto incompatibles con la recuperación económica) que han llevado a la situación crítica que aborda hoy el Consejo Europeo.
Hay una cierta confusión cuando a Zapatero se le critica a la vez su pasividad contra la crisis y su exceso de celo en la aplicación de medidas contradictorias con sus compromisos electorales. La situación griega (en los despachos y en la calle) lleva a preguntarse qué podría haber pasado aquí si en mayo del año pasado no hubiera aceptado hacer los recortes y reformas que se le exigieron.
Pero si el cambio de Gobierno no garantiza la recuperación económica ni la confianza de los mercados, Rajoy tendrá que ganársela, y para ello plantear iniciativas adicionales de ajuste para cuya aplicación necesitará acuerdos con los socialistas, sobre todo si no tiene mayoría absoluta. Es cierto que Zapatero nunca ha estado muy interesado en alcanzar acuerdos con el PP. Por ejemplo, ni se planteó la hipótesis de un entendimiento que evitase los elevados costes de los apoyos nacionalistas a los presupuestos. Pero es que el PP lleva años negándose a mirar más allá de la jornada electoral: solo le ha interesado asegurar la victoria, despreciando el consenso con el PSOE e incluso boicoteando a través de sectores de la patronal las posibilidades de acuerdo social sobre reformas como la de los convenios.
Otro problema que Rajoy se encontrará sobre la mesa si gana y para el que también necesitará una política concertada con el PSOE es el de la gestión del fin de ETA. ¿Estarán ya hablando del asunto, aunque sea entre segundos niveles? De momento, lo único visible es un intento del PP de utilizar el caso Faisán para eliminar de la competición al candidato Rubalcaba. Es un reflejo de la confusión reinante, sobre todo desde la legalización de Bildu. ¿Cómo extrañarse de que los de ETA digan en su último comunicado que han ganado la batalla política e ideólogica de la ilegalización, si escuchan a sus máximos enemigos que la sentencia del Tribunal Constitucional supone el fracaso (y la derogación) de la Ley de Partidos? Esa ley ha conseguido que el brazo político de ETA acepte las condiciones del Estado de derecho para recobrar la legalidad, rechazando públicamente la estrategia político-militar y comprometiéndose a expulsar a quienes apoyasen acciones terroristas. Y ese distanciamiento es lo que ha provocado el éxito electoral de Bildu, cuya continuidad depende de que no haya violencia y, a medio plazo, de que ETA desaparezca del todo.
Lo que no estaba al alcance de la Ley de Partidos era acabar con el fanatismo ideológico de la izquierda abertzale, manifestado estos días en temas como el monolingüismo en la Diputación de Gipuzkoa o el rechazo a que la Vuelta a España pase por Euskadi. La acción política, y en su caso jurídica, contra esas actitudes continúa pero ahora sin el obstáculo añadido de la coacción violenta. En lugar de limitarse a reclamar la vuelta a la situación anterior, lo lógico sería adaptar la estrategia antiterrorista a esa nueva situación, más favorable para la desaparición de ETA que la anterior.
Y no cometer los errores de sectarismo del pasado. El intento de forzar la retirada de Rubalcaba utilizando el caso Faisán, aunque el precio sea la ruptura del (vacilante) consenso antiterrorista, puede tener un alto coste para el PP. Entre otras cosas porque es manifiesto que el intento de sacar de la pista al exministro del Interior es una iniciativa de un periódico, El Mundo, a la que se ha sumado el primer partido de la oposición. Una campaña muy artificiosa que busca considerarle cada día culpable de algo, tenga o no relación con él.

¿Habrá reparado Rajoy en que si la campaña tuviera éxito y Rubalcaba no se presentara, la previsible victoria del PP no sería suya sino de ese periódico, lo que no podría dejar de afectar a la autoridad del nuevo presidente?


Artículo en El País de Patxo Unzueta el día 21.7.11

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