jueves, 10 de abril de 2014

374-Los Ojos del Río Moros en Cercedilla 9 de Abril 2014



Acudimos a la llamada del buen tiempo un grupo de seis marchosos con el reto de hacer la marcha mas larga, mas alta y mas difícil. A las 11h estábamos enfrente a casa Cirilo seis marchosos: JP, Miguel, Chicho , MA, Jerónimo y el que escribe JL.
El resto estaba excusado por tener citas previas o por ser día de descanso.

No estábamos solos , pues había una gran animación en las Dehesas, un centenar de escolares que iban de marcha y muchos ciclistas nos acompañaron en la salida.
Toda esta bulla se fue perdiendo por los senderos de la Fuenfría según íbamos ascendiendo.
Enfilamos la subida por la senda que sube al collado de Marichiva sorteando multitud de arroyos (Majagavilan, Marichiva) y los pinos a veces nos mostraban sus raíces al descubierto, fruto de la erosión por las abundantes lluvias.

El esfuerzo que hacían que nuestros corazones bombeando sangre a los músculos con mas fuerza y frecuencia según la pendiente aumentaba mostraba que la tarea no iba a ser coser y cantar. Los latidos llegaban a 130 pps y la senda se empinaba cada vez mas.  Las conversaciones se fueron apagando y los rezagados se quedaban atrás.

Al llegar a la vereda del Infante GR-10 encontramos a un grupo de jubilados que después de un buen refrigerio continuaron hacia la Fuenfria. 

Chicho propuso ana alternativa a la marcha, que consistía en subir a los ojos del río Moros y a continuación en vez de seguir recto (pues había mucha nieve y mucha pendiente), desviarnos hacia el oeste hasta Tirobarra, encontrar el Pr-4 y seguirlo por la cuerda y después en su bajada hasta la Fuenfría.

Subimos a los ojos del río Moros que rebosaban de agua y a partir de los 1800m de altitud la nieve nos acompañó. Nos cruzamos a un grupo de prejubilados con mujeres que nos desearon buen camino.


En los neveros acumulados a lo largo del sendero para llegar  al Pr 4 la nieve tenia una altura de un metro por lo que iba dificultando la marcha y agotando nuestras reservas de glucógeno.

Nos hicimos las fotos en los Ojos que tenían mucho agua, tomamos los panchitos y el vino de JP con unas maravillosas vistas.


Reemprendimos el camino hacia Tirobarra, en vez de ir directamente a collado Minguete y cada vez teníamos mas nieve, por lo que el esfuerzo para desplazarse era mayor.  Muchos íbamos ya en la reserva, así que decidimos comer en la cuerda del Pr-4 al lado del cerro Minguete.
A la izquierda se divisaba La Granja y Segovia, A la derecha el valle de la Fuenfria y Cercedilla.  Con estas vistas Maravillosas y disfrutando el vino Cune que trajo Chicho nos tomamos el aperitivo de empanada de Jero, los bocadillos y la ensalada.
Después el café de Miguel , los chocolates diversos y el aguardiente de fuego de MA.


Sentíamos que recuperábamos las fuerzas poco a poco.
A mitad de la comida también llegaron un grupo de excursionistas jóvenes liderados por una chica que les dio una lección de geografia mientras observaban el paisaje tan maravilloso que nos rodeaba (alguien comento que no hace falta ir a los Alpes, ni al Himalaya para ver magnificas vistas). 



Emprendimos el descenso a la Fuenfría y como íbamos secos cogimos agua de la fuente.

Después bajamos por el camino viejo de Segovia entre riachuelos (Barranca, Majagavilan) y pinos silvestres y llegamos a las 18h a los coches.

Con el objetivo cumplido nos despedimos hasta el 23 Abril para la marcha que propondrá Jero.

Saludos JL


viernes, 4 de abril de 2014

HOYO DE PINARES: LAS VIÑAS, LA ERMITA Y LA NECRÓPOLIS DE NAVASERRADA




En primer lugar desear el pronto restablecimiento de nuestro compañero Fernando, así como la recuperación de las molestias que aquejan a Manolo y Pablo para que de nuevos estén con nosotros lo antes posible.
Alrededor de las once y media y con un día que se presentaba lluvioso y con brumas en el horizonte, comenzamos nuestra andadura por una pista cementada, que concluye en Hoyo de Pinares, y que se adentra en un paraje de montes graníticos, pinos piñoneros, sabinas, encinas, retamas, jaras  y parcelas con viñedos, la mayoría por esta parte abandonados. El verde intenso de los prados y matorrales regados por arroyos y arroyuelos dan a este paisaje una gran belleza que nos permite hacer la marcha de una forma distendida y sumamente agradable. Después de unos cuantos kilómetros por la pista, nos desviamos hacia el camino bien señalizado de la Ruta de las Viñas, que viene desde Hoyo de Pinares. En poco menos de un kilómetro accedimos a otro camino también señalizado de la Ruta de la Necrópolis y a través de un sendero a los restos de la ermita de Navaserrada y unos cientos de metros mas adelante a la Necrópolis del mismo nombre, donde un poste indicativo nos informa que las tumbas, una docena, son de origen visigodo del siglo octavo.
Los panchitos, esta vez sin la bota por ausencia de Paco, nos los tomamos debajo de un buen ejemplar de acebuche, rodeado de esparragueras con algún espárrago si cortar.  A partir de este punto decidimos volver a los coches primero desandando la senda  hasta volver al camino señalizado y luego cogiendo diversos atajos que pudimos tomar sin equivocarnos gracias a los gps de nuestros compañeros. Por esta zona las viñas se veían mas cuidadas  y el monte estaba salpicado de decenas de construcciones de diferentes estilos, formas y tamaños que cada cual se ha venido haciendo como le ha parecido. Ya cerca de los coches se observa un pequeño arroyo que se desploma de forma escalonada en una  bonita cascada.
Pusimos rumbo a Cebreros donde teníamos reservada mesa en el restaurante Avenida, situado en el centro del pueblo, a eso de las tres de la tarde. Ya sentados Chicho (por eso del santo) nos invitó a un aperitivo mientras decidía cada uno qué pedir. Tras una comida decente (primeros platos poco elaborados, pero segundos magníficos) dimos un pequeño paseo hasta el museo de Adolfo Suárez instalado en una antigua y bonita iglesia.
J.A
 

 
 
 
Enlace para las fotos:

martes, 1 de abril de 2014

El francotirador y Manolo ‘El del Bombo’


  Querido F., me reprochas que en mis críticas al nacionalismo catalán pese mucho la necesidad de no ser nacionalista español, y que aún profese la vieja creencia en la utilidad de la distinción entre izquierda y derecha y que por ello critique la indefinición de UPyD y Ciutadans. Ambos reproches son justos. Es más, yo diría que, al menos en el primero, te quedas corto: no es que pese mucho en mis artículos la necesidad de no ser nacionalista español; es que pesa mucho en todo lo que hago.

 Y quizá debería pesar más, porque para mí el nacionalismo español es tan malo como el nacionalismo catalán, o peor, y tan malo como cualquier otro; la razón es que el nacionalismo, que fue una ideología de libertad en el siglo XIX, en el XX se volvió lo contrario. En esto, creo, estamos de acuerdo. Pero me parece que tú piensas que, a diferencia del nacionalismo catalán, el español ya no existe o es cosa de cuatro frikis. Ahí es donde discrepamos: yo, en España, veo el nacionalismo español por todas partes, igual que, en Francia o Inglaterra, veo por todas partes el nacionalismo francés o inglés (razón por la cual no hay manera de que avance la única cosa un poco sensata que hemos inventado, que es una Europa unida).

 A los españoles el nacionalismo español nos viene casi de serie, como a los coches el aire acondicionado. Esto lo dice un amigo madrileño y madridista y residente en Barcelona que tiene una amiga madrileña residente en Nueva York que, cada vez que viene a Cataluña, se irrita cuando descuelga el teléfono de la habitación de su hotel y en recepción le contestan con un “Bon dia”. Sobra decir que lo que hace el PP con el catalán en Valencia o Aragón es puro nacionalismo lingüístico. En resumen: la crítica del nacionalismo debería empezar por la crítica del nacionalismo propio.En cuanto al reproche de que siga creyendo en la vieja distinción entre derecha e izquierda, también me parece justo, aunque es como si me reprocharas que siga creyendo en la vieja distinción entre el Norte y el Sur.

 La derecha y la izquierda no son, como creían las viejas izquierda y derecha, conceptos absolutos, sino relativos, meramente orientativos, pero indispensables (igual que los conceptos de Norte y Sur): son una forma de que entendamos a la primera si un partido está a favor de una mayor o menor intervención del Estado en la economía, a favor de una sanidad o una educación sobre todo privadas o sobre todo públicas, a favor o en contra del aborto, etcétera. No es que izquierda y derecha se den sin impurezas en un partido o una persona (a menudo se dan mezcladas), y además uno no es de derechas o de izquierdas a secas, sino más de derechas o más de izquierdas en esto o en aquello. Dices que en los países avanzados esa distinción ya no rige. No es cierto. Viajo mucho, quizá demasiado, y no conozco ningún país donde no rija, aunque con distintos nombres: liberales en EE UU, laboristas en UK, socialdemócratas en Alemania o Suecia.
  Es verdad que se ha puesto de moda decir lo que tú dices, y que algunos partidos han intentado practicarlo: en nuestra democracia quizá el primero fue el CDS de Suárez, y el último, UPyD; ambos trataron, o tratan, de recoger votos a izquierda y derecha –Fraga le reprochaba con razón al Suárez del CDS que en Madrid fuera de izquierdas y en Ávila de derechas–, igual que en Cataluña los trileros que defienden el llamado derecho a decidir tratan de recoger votos de independentistas y de no independentistas. Eso, en casi todas partes, recibe un nombre: populismo.
JAVIER CERCAS                 30 MAR 2014 - 00:00 

Cortesía de JP

jueves, 27 de marzo de 2014

DEHESAS DE GUADARRAMA



Se llama dehesa a un bosque claro de encinas, fresnos, alcornoques u otras especies, con estrato inferior de pastizales o matorrales, donde la actividad del ser humano ha sido intensa, y generalmente están destinadas al mantenimiento del ganado y al aprovechamiento de otros productos forestales.

Nos reunimos en la calle que va a la Dehesas, en la parte norte del pueblo, enseguida abandona el asfalto, para continuar de frente por una buena pista de tierra, el Cordel de la Calleja de los Poyales, que bordea fincas de ganado vacuno, convenientemente protegidas por cercas de piedra, en extensas fresnedas.

El fresno es un árbol fácilmente reconocible por su tronco exageradamente grueso en comparación con el enclenque ramaje, el cual suele cortarse al cero cada poco para alimentar al ganado en invierno. Al ejemplar así rapado se le dice trasmocho. Las llamadas fresnedas son frecuentes en esa zona de la provincia de  Madrid y en verano están hermosas y son frescas.

El fresno formaba antaño apretadas masas en las jugosas navas del piedemonte guadarrameño. Fresnedas que fueron cercadas y aclaradas para favorecer el desarrollo de pastizales, y que, estabilizadas desde hace siglos, trazan la amistosa frontera entre el hombre y la sierra desde El Escorial hasta Guadalix, Son parajes bucólicos, ricos y equilibrados,

Pues bien, fue  una convocatoria a la que faltaron la mitad de los marchosos y que mayoritariamente seleccionaron esta excursión puesto que no la conocíamos y además el pronóstico del tiempo aconsejaba no llegar a más altura por probable nieve y frío.

Del norte solo vinieron Jose Luis y Miguel Angel por un lado y Fernando por otro. Del sur fuimos Juan Angel, Paco y yo. Los demás marchosos tenían ausencia justificada Miguel, Jero y Pablo fuera de Madrid en “viajes”, Manolo y Chicho malitos y Jesús G. que no le tocaba.

Cuando llegamos a punto de encuentro a las 11h hacía un frío que pelaba pues eran 5ºC y un viento (entre 40-50km/h) que lo dejaba en 0ºC. Pero nos sobrepusimos a esa situación y echamos a andar pertrechados con toda la ropa que llevábamos, acordando que si la meteorología lo obligaba volveríamos haciendo la circular más corta al pueblo a comer. Aunque los blogueros decían que había ganaderías bravas no vimos nada de ellas en todo el recorrido.

Aunque las rachas de viento a veces eran molestas fuimos calentando las piernas subiendo suavemente rodeados de las fresnedas y las vacas de las dehesas. En ese recorrido el paisaje era de dehesa con granjas para la explotación ganadera y solo vacas eran nuestros acompañantes.

Nuestro objetivo primero era una ermita a la Virgen del Espino (¡qué cosa no tendrá una virgen en este país!) que estaba a una hora y 3,5km. Allí reposamos tomando los panchitos y calentando el gaznate con la bota de Paco (que casi es marchosa por el aprovechamiento que le hacemos y nunca le agradeceremos bastante su generosa aportación). Por cierto que M.Angel también se dio cuenta que en el plano del recorrido que sacamos de la web había un error puesto que no pasaba por la ermita.

 La ermita (ver foto) no tenía demasiada gracia pero nos dio refugio y descanso que necesitábamos. Se alza sobre un mogote granítico con enormes vistas: de la Peñota, de Siete Picos, de la Bola del Mundo, de la Maliciosa..., y también hacia Madrid con todas las urbanizaciones del valle. Argumentaba M.Angel que creía que Los Molinos no era un pueblo y si acaso solo urbanizaciones. Estaba en un error porque es uno más de la zona y tiene su historia:
El municipio estuvo antaño vinculado al Real de Manzanares desde tiempo de Alfonso X el Sabio. Desde la época medieval, cruzaba por el lugar la Cañada Real de Merinas que conectaba la Cañada Real Soriana Occidental con la Segoviana del Concejo de la Mesta castellana. Con el comienzo de la construcción del Monasterio de El Escorial se inicia la "industrialización" de la zona y la consiguiente necesidad de materias primas, entre ellas la harina. Así, en el tramo del río Guadarrama hoy dentro del término municipal, se construyeron al menos tres molinos harineros donde derivaban la molienda de varios cereales. De ahí el nombre del lugar, dado que las gentes empezaron a referirse a esa zona como "los molinos"

Reanudamos la marcha cerrando como casi siempre yo el grupo (esto es lo normal cuando subimos, pues bajando lo normal es que sea  Fernando), nuestro siguiente objetivo era el embalse de Los Irrios (nombre muy extraño) que alcanzamos y fuimos a pisarlo pero el viento era demasiado fuerte y decidimos verlo desde lo alto.

Traspasamos la vía del ferrocarril que va de Segovia a Cercedilla por un puente y nos metimos en el bosque de pinos superando los desniveles más duros de toda la marcha. En el bosque empezó a nevar tímidamente pero estaba ya alfombrado porque debía haberlo hecho durante toda la noche. Había la nieve suficiente para dejar un entorno bonito y no ser muy duro andar por allí. Fernando pese a su enemistad con la nieve no tuvo problemas para andar por allí. Hicimos un recorrido por el bosque de 2 kms. y llegamos a las 14hs a la estación de Tablada que está reformada pero permanece cerrada, aunque debe haber trafico escaso de trenes.

Decidimos comer allí en la estación y lo hicimos en un ambiente totalmente invernal amenazando lluvia, pero sentados en sillas y mesas que había allí de pvc aunque algo deterioradas. Gracias al vino, el café y los aguardientes pudimos resistirlo, riéndonos de todo lo que nos hace gracia relativo a los marchosos que no habían venido.

El frío nos echó de allí y salimos en dirección sur buscando el camino de bajada y regreso, pero no había tal. Así que tuvimos que saltar una valla metálica ayudados por un marchoso que la descosió, aunque luego la volvimos a reparar o casi. Desde esa altura de alrededor de los 1250ms de la estación empezamos a bajar los últimos espacios de bosque de pinos  para poder coger alguno de los caminos que transitan las dehesas. Así lo hicimos y dimos con uno de ellos que nos llevó a definido por la excursión de vuelta.



En una cómoda marcha de 6 o 7 kms, en la que Paco y yo, charlando y Fernando en nuestras cercanías (este hombre es increíble, porque está hecho un duro senderista que lo resiste todo) acompañados de una tarde asequible y a veces soleada, y que ya estaba más calmada de viento y de vez en cuando nos mojaba la lluvia llegamos en hora y media a nuestros coches. Nos fuimos a tomar un café calentito en el pueblo y después emprendimos el regreso a Madrid.

JP

Recorrido y desnivel:






Fotos:https://plus.google.com/photos/107086082323572351540/albums/5995492382923819345?banner=pwa




jueves, 20 de marzo de 2014

Ruta de los Arroyos 19 Marzo 2014

Ruta de los Arroyos 19 Marzo 2014


La excursión elegida fue la "Ruta de los Arroyos" (de las propuesta por la pagina de Vías pecuarias de la Comunidad de Madrid).
La razón de su elección es que no la habíamos hecho nunca y parecía atractiva y no demasiado dura. El punto de reunión la pedanía de Robledondo de la Comunidad de Madrid y los participantes fuimos: JG, JP, JL, Miguel Angel, Chicho, Juan Angel y Miguel. Total siete en dos coches. La primera decisión fue cambiar la dirección de la marcha y hacerla en sentido contrario al propuesto para que la comida fuese en el Puerto de Malagón.
Salimos de Robledondo (1380 m.) por un camino que indicaba hacia la Chorrera del Hornillo. Ascendimos por una vía pecuaria, a una loma (1480 m) y bajamos a un valle donde se juntan los arroyos Majadahonda y Hornillo (1380 m), a unos 300. de distancia se veía la Chorrera Alta del Hornillo, deslizándose el arroyo por una pared inclinada de roca con fuerte desnivel pero no nos acercamos.

Nueva subida por el otro lado del pequeño valle a otra loma (1480 m.). Aquí hicimos una parada para tomar unas almendras y disfrutar de las vistas. Aproveché esta parada, para ir a ver un mirador más alto y buscar allí un geocache. Las vistas que disfrutamos en esta marcha fueron espectaculares por las distancias de los horizontes.
Desde aquí, una pendiente vertiginosa, nos llevó al río Azeña (1220 m.), Cuando llegamos al fondo del valle iniciamos un laborioso viaje a las alturas siguiendo el curso del arroyo del Tobar. La senda sube con pendiente aceptable pero mal firme hacia la presa del Tobar y luego al puerto del Malagón (1540 m.) Esta subida continuada es la parte más dura de la marcha, aunque resulta agradable la compañía del arroyo.
Se cuenta que en esta zona el lobero mayor del reino (de Peguerinos) mató en 1952 al último lobo de la sierra de Guadarrama. Pobre lobo solitario que debió ver como se extinguía su manada y era acosado hasta su muerte.
Comimos en el Puerto de Malagón, como estaba previsto y aproveché el tiempo libre para buscar el mi segundo Geocache del día.
A partir de aquí siguiendo una ancha pista (otra vía pecuaria) fuimos directamente a Robledondo acortando la parte final de la marcha.

La excursión estuvo bien, no hizo demasiado calor y había mucha agua y suelo con hierba. Un poco excesiva la subida del Tobar y muy buena panorámica. También vimos caballos, vacas y bastantes casas rusticas. Además, y cosa insólita en nuestro grupo, no hubo divisiones y todos hicimos el mismo recorrido y llegamos al mismo tiempo a los coches.






Fotos:  https://picasaweb.google.com/107086082323572351540/RutaDeLosArroyos

jueves, 13 de marzo de 2014

Pico Cabreruela 12 marzo 2014

 
 
 
 
 
 
Todo empezó con la votación habitual, en la que se podía escoger entre :
 
Pico Cabreruela-Valdemaqueda
y en la que salió elegida la de Pico Cabreruela, posiblemente por las fotos tan sugerentes que podían verse de la marcha en esa web tan interesante (Guadarrama y más).
 
Comenzamos la marcha en esta ocasión Jero, José Luis, Fernando, Miguel, Paco, Pablo, Jesús y Chicho ( el pastor del día). El día se presentaba muy claro, con un sol que no hacía daño. Desde el entorno de Valdemaqueda , muy querido por el grupo, ya habíamos recorrido sus pinares en varias ocasiones, RT172-Cerro de Santa Catalina (al norte de), RT221-Río Sotillos (al oeste de) y RT151-La puente Mocha al este de ese Pico Cabreruela. Se llega a él por caminos forestales anchos y no resulta muy difícil orientarse y llegar hasta su misma falda, incluso sin disponer de un GPS.
 
Había humedad por toda la zona, gracias a ese invierno tan lluvioso que nos daba un buen respiro esta mañana. Al ir subiendo, y en un "falso llano" de la terminología ciclista, se veía un poco apartado del camino un conjunto de colmenas en muy buen estado y que observamos sin querer acercarnos. No mucho más arriba salió a saludarnos un hermoso mastín, dócil y cariñoso, que dejo por un momento las cabras negras que buscaban comida por la falda de las Cabreras.
 
Tomamos "los panchitos" ya muy cerca de donde el camino forestal tuerce bruscamente para enfilar, ya en línea recta, la falda del pico Cabreruela. La marcha no nos gusta que sea de ida y vuelta por el mismo camino, por lo que al seguir subiendo intentamos ver un camino practicable de vuelta por la parte oeste del pico. Mapas, GPS y reconocimiento visual de una posible bajada nos hizo decidirnos por un cambio de plan para después de comer( por otra parte nada inusual en las costumbres de este pequeño grupo senderista).
 
El camino forestal se terminó al fin, y allí arriba aparecía el pico, y a su derecha un refugio de montaña, así que nos dirigimos hacia él. La pequeña escalada nos premió con un espectáculo muy reconfortante, ya que alrededor del Cabreruelas ( el más alto con su 1179 m) se podía divisar, gracias a esa mañana tan clara, todos los riscos en la lejanía.
 
 
Muy cercanos estaban el Risco del Agua, el del Chaparral y el de Valdeparaíso, todos ellos muy hermosos. Una cabra, esta vez montesa y gris, nos miraba extrañada desde unos cien metros del geodésico en el que algunos nos habíamos subido , estaba sola, y ya de vuelta me acordé de ella con pena al ver los carteles que indicaban Coto Privado de Caza.
 
Comimos en unas peñas cercanas a donde termina el forestal y José Luís nos invitó a tomarnos algo en Robledo de Chavela, para celebrar que hacía una semana que había nacido su nieto Arturo.
 
 
Volvimos hacia Valdemaqueda , dejándonos caer hacia un forestal que se veía a los pies de las Cabreras en dirección oeste, para no tener que volver  al punto en donde habíamos tomado los panchitos por la mañana, y así poner una mínima distracción a nuestra marcha. Cerramos por tanto por ese lado nuestra vuelta, escogiendo uno de los múltiples forestales que recorren esa zona de pinares y que se puede seguir en el mapa adjunto.
 
 
Forestal por el que subimos, no al que nos despeñamos después de comer
 
 
Ya en Robledo de Chavela bebimos por Arturito y nos despedimos hasta el próximo miércoles.
 
 
 
 
 
 
 
 
 Chicho
 
 
 
 

viernes, 7 de marzo de 2014

05/03/2014 Cascada de S. Mamés




                Hemos quedado, para empezar  la marchita, en la plaza del pueblo de Villavieja  del Lozoya. Así es que allí nos vemos nueve de nosotros (JP, JG, J.A., Manolo, Pablo, Fernando, Miguel Ángel, Chicho y Paco, el que suscribe)  y, después de definir bien el camino a recorrer, cogemos los coches y nos vamos al pueblecito de S. Mamés, desde donde iniciamos, ya a pie, la ascensión hacia la cascada, que está a unos cuatro km. Pasamos por el depósito del Canal de Isabel II del pueblo, encontramos un becerro acostado en la cuneta del camino, sospechamos que debe estar enfermo pues ni se mueve,  arribamos a una quesería que vende queso de cabra, donde nos esperan tres portentosos mastines que guardan un gran rebaño de cabras encerrado entre mallas metálicas, y, subiendo lentamente por un camino forestal, nos vamos acercando a un inmenso pinar que, alzando la vista, divisamos al fondo del paisaje.
                Durante la subida, encontramos a cuatro caminantes que bajan ya de ver la cascada y nos cuentan que está como nunca, pues ha llovido bastante y hay nieve en las cumbres que se está deshelando. Justo al entrar al pinar hay una caseta de construcción en piedra que nos viene de perlas para tomar los panchitos y arrearnos unos latigazos de vino que nos van a entonar para llegar a la cascada.
                Después del refrigerio, continuamos la ascensión entre sombras y escuchando el canto de los pajaritos. A unos doscientos metros nos encontramos con una hermosa fuente de piedra donde unos pocos se mojaron la cara o echaron un trago. Por cierto, que hace un día de primavera, excelente para marchar y sin nubes a la vista. Atravesamos algunos arroyos tributarios del que forma la cascada, que se llama Arroyo del Chorro; uno de ellos tiene dos troncos que van de un lado al otro, por donde tenemos que pisar para acceder al otro lado y continuar, ya por un senderito, hacia el rugido de la chorrera, que adivinamos detrás de unas rocas.
                Cuando llegamos a la caída del agua, se nos ofrece un espectáculo extraordinario, pues son unos veinte metros de desnivel  y al chocar abajo el agua con las rocas, vuelve a subir salpicando todo el contorno formando una cortina curvada para descender al segundo salto, no menos espectacular y precipitarse por entre las rocas y los árboles que esconden el curso del barranco. Hacemos las fotos pertinentes, JG busca un geocach y lo encuentra, dejando una moneda extranjera en la marmita de plástico, otros descansan un rato y otros van hacia arriba buscando el origen de la chorrera. Ahora, según los GPSes, debemos volver unos trescientos metros por el mismo camino, y allí tomar otro que sale a nuestra derecha y está señalizado con un hito grande de piedras (ya lo habíamos visto antes al subir); todos conocíamos el desvío, pero si no se va atento, es posible que se pase la gente de él, como nos ocurrió a unos pocos, llegando uno de ellos (el que suscribe),  hasta la caseta de piedra. Una vez salvado el incidente, bajamos por el senderito hasta el arroyo del Chorro donde nos esperaba un puente de piedra sin pretil y donde nos pareció un sitio ideal para almorzar, pues se filtraban unos haces de sol calentitos y además escuchábamos el rumor de la corriente. Este puente no figuraba en ningún mapa, y a un ciclista que subía con la bici a cuestas cerca de la cascada, al que le preguntamos, tampoco sabía nada de él; así es que habíamos bajado un poco al azar, a la espera de que el senderito nos daría una alegría final, como así fue.
                Una vez que almorzamos, degustando la tortilla de patatas de Maruja, el café calentito de Fernando, los diferentes chocolates que algunos aportan y los licores de otros, nos ponemos nuevamente en marcha, atravesamos el puentecito de piedra y comenzamos a subir por la ladera contraria hasta salir del pinar y sumergirnos en un campo abierto desde el  que se divisa la sierra completa de La Cabrera, con su pico de La Miel a la izquierda, el pantano de Riosequillo y otros paisajes montañosos: una gozada.

Siguiendo el camino, atravesamos una cerca, ya unos cuatrocientos metros más allá nos aparece a la izquierda una pequeña tapia de piedra y algunas alambradas por las que J.A. dice recordar que, siguiéndolas, hace un año estuvo por allí y llegó a S. Mamés sin tener que pasar por Navarredonda y luego por carretera hasta allí. Se siguió un poco la tapia y unos pocos determinaron que convendría ver más adelante si salía algún camino en dirección a S. Mamés para cogerlo y evitarnos el rollo de la carretera. Así lo hicimos aunque los GPSes indicaban que era por allí pero tuvimos miedo de que hubiera muchas alambradas. Así es que nos plantamos en un periquete en Navarredonda, donde había unos albañiles arreglando una casa y les preguntamos por el dichoso camino y nos indicaron que era el de la tapia, pero ya no íbamos a regresar al camino, por tanto nos chupamos los últimos km por la carretera.
                Miguel Ángel nos invitó en Villavieja del Lozoya a un cafetito rico pues se acerca el día de su cumpleaños (sesenta y tres) y es posible que la semana que viene no pueda venir y nos quedemos a dos velas. Bonito día.
PACO