Nos había rondado por la cabeza a los Marchosos, la idea de hacer en una noche de verano una marcha para además de vivir las sensaciones de andar por el monte de noche, mirar al cielo para una observación astronómica.
A la propuesta solo se apuntaron
cuatro esforzados y curiosos marchosos (Chicho, JG, Miguel y JP), a los que se
añadió Ana la hija de Chicho, a la que parece le gustan todas estas aventuras.
Suponemos a la mayoría del resto de los marchosos, ya holgazaneando en cualquier lugar y
soportando los calores.
La propuesta consistía en, además
de patear el monte con solo la luz de la Luna y llegar al Perdiguera, aprovechar
para hacer algo de observación astronómica. Elegimos como zona la del puerto de
Canencia, que no está lejos y tiene un prado a mitad de marcha estupendo para
pararnos a hacer la observación. Habíamos quedado en el puerto sobre la diez y
como habíamos previsto empezaba a caer la noche, así que en nuestros primeros
pasos por el GR que une el puerto de Canencia con el de Morcuera prácticamente se
fue la luz del sol y empezó a aparecer la de las estrellas.
Empezamos las charlas como era de
esperar, hablando de los astros, de los sistemas estelares, de las
constelaciones y sus representaciones mitológicas realizadas por nuestros
ancestros griegos y árabes, de los nombres de las estrellas y de los planetas
que íbamos a ver en concreto. En seguida se empezó a divisar Marte en Virgo y
Saturno en Libra, a media altura mirando al sur, así que nos acompañaron ellos
porque la Luna no se atrevía a salir tan pronto, como hacen las chicas los viernes,
sino que hubo que esperar y rondarla durante casi dos horas para que se
atreviera a hacerlo cuando todo el mundo estaba en el baile.
Durante el paseo de subida nos acompañaron
las luciérnagas ayudando un poco a ver el camino, porque habíamos decidido no encender
ninguna luz y disfrutar de los sonidos y las imágenes del bosque. Resultó fantástico,
esperando que saldría algún mamífero para darnos un susto, no ocurrió así y
solo se oía algún búho; pero lo que no consiguió el bosque es evitar los
sudores debido al esfuerzo y la alta temperatura.
Al cabo de una hora de marcha llegamos
a Prado Toril, viejo conocido nuestro donde está el cercado de piedra que hay, seguramente para
a guardar ganado de algún tipo, pero donde nunca vimos ninguna res. Empezamos a
sacar todos los aparatos y ayudas que nos habíamos llevado para la observación:
tabletas con programas de observación que permiten localizar casi todo lo que
se puede ver, libros y mapas para ayudar a saber qué es qué, prismáticos,... El
rey de la noche fue un puntero láser que permitía señalar en el cielo cualquier
cosa como si fuera una proyección PPw y también el programa Stellarium que nos ayudaba a saberlo todo.
Pero como no se veía la Luna
por ningún lado, empezamos a pensar que allí había alguna meiga, dado que se había
escogido la noche para tener su luz como ayuda al paseo nocturno. Según
nuestra información sabíamos que salía por el este y algo tarde pero cuando apareció
por el horizonte nos quedamos sorprendidos, porque lo hizo lentamente casi
pegada al suelo y era casi roja (como nosotros) con una luz que
no esperábamos. A esa altura la Luna muy tenue pero bonita era del 60-70 %, o sea que
de llena ya nada. Nos dedicamos durante un rato a admirarla y ver cómo iba
subiendo. Finalmente sobre la una, decidimos no subir a Perdiguera, cruzar al
otro lado del Prado Toril buscando la famosa cerca de piedra y tomar allí el bocadillo. Nos pusimos a andar y vimos que la Luna nos estaba observando e iluminando todo el rato, ¡hasta nos veíamos la sombra! Cuando llegamos a un arroyo que pasa por aquella zona y al que le están acompañando con un plantón de abedules, nos pusimos a tomar los bocadillos y Miguel a hacer alguna foto. Nos acompañaron en ese rato pero casi solo en silueta, porque no veíamos más, algunas vacas y caballos que estaban por allí..
Terminado el refrigerio y siendo
ya pasadas la una y media bajamos por el otro forestal acompañando u buen rato
al arroyo. Después lo dejamos y nos cruzamos con otro amigo, el arroyo de
Setil de Maillo, lo hicimos por la curva dónde está al abedul más grande de
Canencia. Lo reconocimos y lo iluminamos para verlo bien. Finalmente en un
paseo silencioso y ya con ayuda de las linternas bajamos al puerto donde nos
despedimos hasta la próxima aventura.
JP
JP