Había ganas de pisar la nieve , sobre todo Paco y decidimos hacer la RT 027 Carro del Diablo en Rascafría. Finalmente no pudieron venir Chicho, Manolo, Fernando y JG.
Salimos y empezamos la subida en
dirección al puerto del Reventón con un viento que pelaba a 0 ºC y lloviznando; se barruntaba que
las condiciones climatológicas no nos iban a ayudar. En cualquier parte que
pisábamos había agua que en forma de riachuelos iban bajando al Lozoya para
acabar en el embalse de Pinilla y en el Atazar. Los caminos incorporaban su torrente que a veces desbordaba la cuneta.
Aprovechó JP para recordarnos que debiamos buscar un atajo que acortara la marcha de A. Campos y esta propuesta iba gando adeptos (M.A llevaba un posible trazado para el atajo).
Alcanzados los 1400 m había nieve en abundancia, sobre todo al confluir el sendero de subida con la pista forestal. Nos paramos y utilizando una piedra con nieve como altar, oficiamos la toma de cacahuetes, nueces, higos, avellanas, almendras y demás frutos secos regados con vino de crianza del Señorío de los Llanos.
Entramos en la pista y sin llegar
al Carro del Diablo torcimos hacia la izquierda y empezamos a caminar con
cuidado pisando por el casi medio metro de nieve en polvo que cubria toda la pista. Poco a poco se nos iban mojando las
botas, comenzó a nevar y poco a poco se nos calaron los guantes, pantalones y
sombreros. El frío iba haciendo mella y decidimos acortar bajando hacia el
Paular, pero el atajo de M.A no era fácil seguir.
Lo que si era fácil era resbalarse y pisar sin querer los charcos y el agua de los arroyos. Hubo que atravesar unos cuantos. No queríamos parar para comer hasta encontrar un sito seco para comer “agustito” como dijo Miguel.
Cerca de las tres y media encontramos un refugio de cazadores al que se accedia por una escalera y empapados de agua, helados de frío hicimos las ensaladas y mientras seguía lloviendo. Comimos los platos princpales, los quesos, chocolates, postres y el aguardiente de MA y el aguafuerte con endrinas de Paco. Hubo una tregua de la lluvia y emprendimos a toda prisa la marcha hacia el monasterio con los pies helados y los musculos entumecidos..
Lo que si era fácil era resbalarse y pisar sin querer los charcos y el agua de los arroyos. Hubo que atravesar unos cuantos. No queríamos parar para comer hasta encontrar un sito seco para comer “agustito” como dijo Miguel.
Cerca de las tres y media encontramos un refugio de cazadores al que se accedia por una escalera y empapados de agua, helados de frío hicimos las ensaladas y mientras seguía lloviendo. Comimos los platos princpales, los quesos, chocolates, postres y el aguardiente de MA y el aguafuerte con endrinas de Paco. Hubo una tregua de la lluvia y emprendimos a toda prisa la marcha hacia el monasterio con los pies helados y los musculos entumecidos..
Otra vez cumplido el objetivo pese al castigo a las articulaciones, rodillas y gemelos. Saludos JL