Mostrando las entradas para la consulta aranjuez ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta aranjuez ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de mayo de 2011

Gastronómica del 13/04/2011: Antígola-Aranjuez

             Estuvimos casi al completo, excepto Chicho que no pudo venir por acompañar a Pilar. Vino J. Sánchez que hacía mucho tiempo que no venía, siguiendo los consejos de los médicos.
            Quedamos directamente en el aparcamiento, cerca de la  laguna de Antígola. Los de la zona norte llegamos tarde por un conflicto entre el piloto y el copiloto a causa de seguir o no el GPS, que nos mandaba por la Radial A4, de pago, hacia Seseña,  y el piloto se negó a cogerla y dio la vuelta para ir por Aranjuez, que era su intención primera.
            Una vez todos juntos, dimos un paseo alrededor de la  laguna de Ontígola y volvimos a Aranjuez para comer. Aparcamos los coches cerca de los jardines, dimos un paseo por los mismos, donde hicimos un botellón con una botella de tinto y los consabidos “panchitos”; luego buscamos un restaurante donde satisfacer nuestras necesidades. Después de la comida volvimos a los jardines para disfrutar de los paseos, echar para abajo la comida y facilitar la digestión. Una vez completada la jornada volvimos ya sin conflicto con el GPS, aunque nos quería llevar el copiloto por la M-30 lado Valencia en lugar de M-30 lado Coruña.

Jero

jueves, 16 de septiembre de 2010

Jarama

            Describiré brevemente y por su orden estos ríos, empezando por Jarama: sus primeras fuentes se encuentran en el gneis de la vertiente Sur de Somosierra, entre el Cerro de la Cebollera y el de Excomunión. Corre tocando la provincia de Madrid, por la Hiruela y por los molinos de Montejo de la Sierra y de Prádena del Rincón. Entra luego en Guadalajara, atravesando pizarras silurianas, hasta el Convento que fue de Bonaval. Penetra por grandes estrechuras en la faja caliza del cretáceo - prolongación de la del Pontón de la Oliva, que se dirige por Tamajón a Congostrina hacia Sigüenza – Se une al Lozoya un poco más abajo del Pontón de la Oliva. Tuerce después al Sur y hace la vega de Torrelaguna, dejando Uceda a la izquierda, ochenta metros más alta, donde hay un puente de madera. Desde su unión con el Lozoya sirve de límite a las dos provincias. Se interna en la de Madrid, pocos kilómetros arriba del Espartal, ya en las fajas de arenas diluviales del tiempo cuaternario, y sus aguas divagan por un cauce indeciso, sin dejar provecho a la agricultura. En Talamanca, tan sólo se pudo hacer con ellas una acequia muy corta, para dar movimiento a un molino de dos piedras. Tiene un puente en el mismo Talamanca, hoy ya inútil, porque el río lo rehusó hace largos años y se abrió otro camino. De Talamanca a Paracuellos se pasa el río por diferentes barcas, hasta el Puente Viveros, por donde cruza la carretera de Aragón-Cataluña, en el kilómetro diez y seis desde Madrid. Entra de nuevo en terreno terciario y recibe por la izquierda al Henares, en Mejorada del Campo. En Vaciamadrid recoge al Manzanares por la orilla derecha, por abajo del puente de Arganda, y en Titulcia al Tajuña, por la izquierda. Suministra a la grande acequia llamada Real del Jarama, y ya en las vegas de Aranjuez entrega sus aguas al Tajo, que se las lleva hacia Occidente, a Portugal y al Océano Atlántico.

Este texto pertenece a Casiano de Prado,”descripción física y geográfica de la provincia de Madrid”, Imprenta Nacional, Madrid, 1864, páginas 10 y 11, y lo transcribe Rafael Sánchez Ferlosio en su excelente novela “El Jarama”. La primera mitad la utiliza como preámbulo, y la otra como epílogo.

Lo envío JS en julio de 2005.


domingo, 4 de noviembre de 2018

Torrelodones a la Presa del Gasco. 31 de octubre de 2018


     Como se anunciaban fuertes bajadas de las temperaturas y copiosas lluvias (aunque no se cumplió ninguno de los dos anuncios), elegimos los marchosos una marcha por Torrelodones que pasó sin mayor  pena ni gloria, si no fuese por tres asuntos que la hicieron interesante: la Torre de Torrelodones, la Presa del Gasco y el propio paisaje.

 La Torre.

    Esta antigua atalaya defensiva de origen árabe es sin lugar a dudas el símbolo del municipio de Torrelodones. Aunque muy modificada en la actualidad, data de los siglos IX a XI (periodo omeya de Al-Ándalus), y forma parte de una antigua línea de torres de vigilancia, que mediante columnas de humo (humadas), avisaban a las poblaciones andalusíes de los ataques e incursiones de los cristianos.  
   Existen dos teorías para explicar su nombre. 
 Según cuentan algunos proviene de uno de los nombres vulgares de un árbol (el lodón), también conocido como almez, lodoño, lodonero o latonero, y que según cuentan, crecería en las inmediaciones de la atalaya en cuestión, aunque hoy en día no queda en sus alrededores ninguno de estos ejemplares.
   Según otros, se atribuye el nombre a una leyenda:
“Comenzaba el año 1086. Reinaba en castilla Alfonso VI, cuando un caballero de limpio linaje llamado Don Tirso de Lodón, buscando consuelo a su viudez, vino a refugiarse en un castillo de su propiedad situado a la izquierda del río Guadarrama.   Este castillo dominaba un pequeño caserío que con el tiempo llegó a convertirse en la villa de Torrelodones.
Don Tirso tenía dos hijos, jóvenes, apuestos y audaces. El padre había intentado, por cuantos medios le sugiriera su amante solicitud, corregir la índole aviesa de los mancebos, e inculcarles los nobles y rectos principios del honor, la virtud y el santo temor de Dios, que constituían el más preclaro blasón de su raza. Todo inútil. El espíritu del mal de que estaban poseídos les impelía de continuo a cometer los mayores desafueros y crueldades. No había para ellos honra ni hacienda seguras, y el desgraciado que se atrevía a resistirles, era brutalmente apaleado cuando no cosido a puñaladas y arrojado a un barranco para servir de pasto a feroces alimañas.
   El nombre de los Lodones llegó a pronunciarse con terror, y a ser invocado como conjuro para atemorizar a y acallar a los niños; las viejas al oírlo se santiguaban, y los hombres instintivamente echaban mano al cinto.
   Llegó el día de los Difuntos, y los Lodones, con la sacrílega idea de burlarse de las ánimas, prepararon una bacanal para aquella noche. Mediada ésta, los habitantes del caserío oyeron entre los gemidos del viento, gritos extraños, lamentos que erizaban los cabellos, que helaban la sangre en las venas… A la mañana siguiente aparecieron ahorcados los dos hermanos en una de las torres del castillo.
    Decían unos que los temidos Lodones, dominados por enorme borrachera, decidieron dar su alma al diablo suicidándose; los más sensatos aseguraban que en aquella noche de orgía, unidos los padres y los hermanos de las víctimas de la crueldad y del desenfreno de los Lodones, ejecutaron en éstos la vengadora y terrible justicia.
    La Torre, que aún está en pie, la denominaron los del país Torre de los Lodones, y de ahí y por contracción, viene el nombre de Torrelodones que lleva esta villa”.

La Presa del Gasco.


   La Presa de El Gasco es uno de los proyectos de ingeniería civil más importantes de la España del siglo XVIII.
   Las obras de esta gran infraestructura hidráulica comenzaron en 1787, durante el reinado de Carlos III.   El ingeniero francés Carlos Lemaur (1720?-1785) concibió la idea de hacer la presa del Gasco y el canal de Guadarrama, con el objetivo de retener el caudal del rio Guadarrama y conectar Madrid con Sevilla a través de un canal navegable. El proyecto fue redactado en 1785, momento en el que el ingeniero francés fallece repentinamente, encargándose a partir de ahora de su ejecución sus dos hijos, D. Carlos y D. Manuel. El Rey autoriza el proyecto en 1787 y se financia por el Banco Nacional de San Carlos.

   La Presa del Gasco se diseñó para ser la presa más alta del mundo, con 93 metros, lo que la convertía en un proyecto singular e inigualable en la España y Europa de su tiempo. El fin de esta  obra era acumular agua y, mediante un canal artificial, comunicado con el canal de Manzanares en un primer término, conducirla por Madrid, Aranjuez, Puerto de Despeñaperros y, desde allí, paralelo al Guadalquivir, llegar a Sevilla. Un total de 771 km recorridos y un desnivel de 800 metros. De esta forma la capital de España habría quedado comunicada fluvialmente con el Océano Atlántico, ya que desde Sevilla el río Guadalquivir es navegable hasta su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda. 
   Las obras empezaron en marzo de 1787 con solo 100 obreros, cifra que se fue aumentando hasta alcanzar, en ciertos momentos, los 5.000 trabajadores. Se desarrollaron con muchas dificultades e incidencias, entre ellas problemas de financiación por parte del Banco de San Carlos, de ahí que se empezase utilizando como mano de obra soldados, que posteriormente, fueron reemplazados por prisioneros condenados a trabajos forzosos.
   Finalmente, no se llevó a cabo más que las obras de construcción de la presa y de algunos de los tramos del canal del Guadarrama. Tras de doce años de trabajos, el 14 de mayo de 1799, una fuerte tormenta provocó que se derrumbara parte del muro, cuando se llevaban levantados 53 metros de altura. En el informe que tres días después enviaron los hermanos Lemaur, se estimaba que habían caído 13.800 varas cúbicas de obra y que la reparación costaría 266.000 reales. En este momento el Banco ordena la paralización del proyecto y, poco tiempo después se decide suspenderlo definitivamente.
   A pesar del estado de ruina, la presa y el canal constituyen un recurso de gran valor, además de por su impresionante paisaje, por el hecho de transmitir el desarrollo de las ideas de la ciencia, la ingeniería, y la actividad económica de la España de la época ilustrada.


La marcha.

   Comenzamos la marcha siete marchosos: Jero, Chicho, JP, JL, MA, JA y Miguel. Tras un conato de despiste, porque unos fuimos por un sitio y otros por otro, nos reunimos enseguida y anduvimos por un paisaje de pinos y encinas rodeados de urbanizaciones la mayoría de alto “standing”.


   A lo lejos divisábamos el Palacio del Canto del Pico, que es  un edificio de estilo ecléctico del siglo XX. Fue construido en 1920 como casa-museo, para albergar la colección de arte de José María del Palacio y Abárzuza (1866-1940), tercer conde de Las Almenas  y primer marqués del Llano de San Javier,   su promotor, autor del proyecto y propietario inicial.
   Durante la guerra civil española, el Palacio del Canto del Pico fue sede temporal (desde el 6 hasta el 25 de julio de 1937) del Mando Militar Republicano. Era una atalaya desde la que ver con antelación los movimientos de tropas y, por ello, sirvió de cuartel general a Indalecio Prieto (1883-1962) y al general Miaja (1878-1958), quienes dirigieron desde allí la ofensiva militar para aliviar a Madrid de la presión de las tropas sublevadas y que desembocó finalmente en la batalla de Brunete.
   El conde de las Almenas perdió a su único hijo durante la guerra. Se llamaba Ignacio del Palacio y Maroto. ​ Su muerte le ocasionó una fuerte depresión. Dejó en 1947 la finca y el palacio escriturados a nombre de Francisco Franco Bahamonde como herencia.
En 1955, el Tribunal Supremo concedió a la finca y a la casa la exención de la contribución territorial urbana, «por ser de hecho un museo del Estado».
Tras la muerte de Franco, la propiedad pasó a sus herederos. Su nieta, María del Mar Martínez-Bordiú, Merry, y el periodista Jimmy Giménez-Arnau fijaron allí su residencia a finales de los años 1970, después de contraer matrimonio.​
En las décadas de los 1980 y 1990, el palacio fue abandonado paulatinamente por la familia Franco.

Tras los preceptivos “panchitos”, regados con buen vino, y sin  hechos importantes que destacar, llegamos a la Presa del Gasco de la que ya hemos hablado.


La vuelta por un camino bastante embarrado fue rápida, ya que teníamos reserva para comer y llegábamos tarde.
Una vez en los coches, llegamos rápidamente al restaurante El Paso, situado entre los términos de Torrelodones y Las Matas, donde, en animada charla como siempre, dimos cuenta de una estupenda comida.

Nos despedimos, y cada uno a su casa, hasta la próxima
Miguel