jueves, 29 de septiembre de 2011

Cerro de la Camorza


La Pedriza- Cerro de la Camorza (28/09/2011)
Hoy Paco ha traído a un nuevo elemento al grupo como invitado: se acaba de jubilar y se llama Juan Ángel (JA de ahora en adelante). La idea es que se integre con nosotros, si tanto él como el grupo lo consideramos aceptable. Al final somos ocho: JP, MAN, PAC, JA, JL, MA, CHI y JER.
Habíamos quedado en Canto Cochino para debatir a dónde coño íbamos porque sólo sabíamos que la excursión se desarrollaría en La Pedriza. Después de unas cuantas propuestas, se decidió subir al cerro de La Camorza, que está cerca del collado de Quebrantaherraduras. Nos ponemos en marcha llevando como guía a JP, aunque también Chicho tiene su GPS. Después de subir un rato sin camino ni senda a la vista, el guía nos dice que se ha perdido, que aunque conoce dónde están Quebrantaherraduras y el Cerro de la Camorza no encuentra un camino adecuado para subir. Así es que descendemos hasta la carretera y enfilamos la senda que sube al collado. El paisaje, es de pino y jara fundamentalmente, con muchas rocas de diferentes formas, colores y alturas, en definitiva, sensacional. Además nos acompaña un día no soleado que nos hace la caminata más agradable.
Ya en el collado, bebemos agua, meamos, e iniciamos el ascenso al cerrito por una sendilla que sale a la izquierda y asciende suavemente. Luego se pierde, pero seguimos subiendo por el pinar hasta que encontramos otra senda, mejor trazada, que parece que nos va a llevar a la cima. Ya desde esta altura podemos disfrutar de la vista del valle de la Pedriza, que por muchas veces que lo veamos, siempre nos impresiona.
En total vamos a subir desde 1040 m a 1213 m: no está mal para ser una excursioncilla de entrenamiento. En el pico de la Camorza hacemos un alto y nos tomamos los “panchitos”, la fruta y el vino (esta vez un reserva de Cariñena). La vista es majestuosa, se ven los pueblos de Manzanares el Real, Mataelpino y otros, así como el embalse de Santillana, la sierra de Hoyo de Manzanares y al fondo, las torres monstruosas de Madrid. Una vez hartos iniciamos el descenso con la idea de llegar a la ermita de Peña Sacra y descender al Tranco donde podíamos almorzar. Vale. Pues descendemos a zurrumbullón, a punto de despeñarnos, haciendo alarde de tener buenos amortiguadores y llegamos al río y al Tranco con gran ventaja sobre el horario previsto.
Resulta que donde hemos aterrizado, en el kiosco Los Lujos, hay unas mesas con hules puestos y permanece cerrado. Unos pocos deciden quedarse mientras otros se van a tomar una caña en un lugar cercano. Estos últimos lo encuentran después de andar un rato y de encontrarse a una mujer más vieja que la tía de Esopo que venía en sentido contrario, pero se vieron gratamente sorprendidos al ser invitados por MA pues quería celebrar así la boda de su hijo. Nos tomamos unas cañas y nos pusieron de aperitivos carne de venado guisada y unos tomates de huerta, pues sabían incluso a tomate.
Al regresar, los que se habían quedado no habían perdido el tiempo pues se estaban apretando unas cervecitas, ya que el kiosco estaba abierto.
Pues bien, ya era la hora del almuerzo, así es que nos pusimos ciegos para resarcirnos del “gran” esfuerzo efectuado y santas pascuas. Una vez terminadas las viandas, JP sacó, no se sabe de dónde, y con una rapidez inaudita, dos artículos del periódico para debatir: la diáspora fue inmediata, dos se fueron a ver la ermita, otros dos se bajaron al río a dormir la siesta y otros tres, que no reaccionaron a tiempo, tuvieron que resistir el chaparrón y hacer como que les interesaba el tema, incluso emitieron algún que otro juicio no exento de sensatez.
La vuelta de El Tranco a Canto Cochino por el caminito habitual, donde encontramos varios grupitos de personas jubiladas caminando en sentido contrario.
Los coches estaban allí todavía, no nos los habían robado. ¡Qué bien!
Paco.

Fotos:https://picasaweb.google.com/107086082323572351540/Camorza?authkey=Gv1sRgCIi_-dS3-pHqbw



2 comentarios:

JP dijo...

Buen relato que nos ha dejado Paco sobre la salida del pasado miércoles. Pero quiero apuntar algunas cosas que me parece mejorarían si es posible su calidad y otras porque creo que ciertos pasajes se apartan de la realidad ( por si acaso alguien no cree que es relato con mezcla de ficción).

Para empezar la gestión de las propuestas de excursión la había hecho Paco muy pronto (viernes anterior) por los alrededores de La Granja. Cuando la vi el domingo por la noche, respondí avisando de que no iba seguramente a ir (porque tenía que estar en Madrid sobre las 18hs y pensé que no llegaría). Como parecía que no iba a tener en el sur posibilidad de coche, me ofrecí a ir si se cambiaba a un lugar más cercano y fue esa la opción que se tomó pese a que su amigo Juan A. finalmente vino. Por todo eso la expresión de que teníamos que decidir dónde coño íbamos (sobra el taco claramente) está un poco fuera de lugar.

Decidido que haríamos la Camorza, al subir a Quebrantaherraduras perdimos la senda de subida y hace responsable a JP&GPS del lapsus, que es cierto pero resaltarlo…
Corregí el tiro y volvimos a la senda.

También me llama la atención cierto lenguaje escatológico y creo que resta belleza al hermoso relato.

Finalmente, cuando propuse leer algún recorte de periódico de esos que me gusta debatir con los marchosos, ya se habían ido todos los que querían “hacer algo” que no fuera quedarse allí. Además está descrito con alevosía y premeditación para dar realce al gesto querer leer algo a costa de lo que sea y antes de que la gente se escape. Aunque seguramente lo hice para que no ocurriera lo que sin embargo cuenta Paco.

Es curioso como podemos ver momentos triviales de la vida con subjetividades distintas siendo además cosas que vienen ocurriendo a lo largo de los años.

Manuel Navarro Seva dijo...

A mí me gustaría señalar que cuando me dirigía a echar esa siestecilla que menciona Paco, reconocí a Fernado Tejero, un actor famoso de cine y televisión, que, acompañado de un hombre y una mujer, se dirigía al quiosco a comerse una paella. Al reconocerle, me acerqué a él, le estreché la mano y le dije:
—¡Hombre, Tejero!, ¿como va todo?
Y él me contestó con amabilidad y cercanía que tenía cuatro películas en marcha y una oferta para hacer teatro y blablabla.
—Pues no está nada mal para los tiempos que corren —dije.
Me despedí deseándole lo mejor y marché con JL a buscar un buen lugar alfombrado de hierba para descansar.
Al regresar a la mesa, los marchosos que allí habían quedado me preguntaron que cómo se llamaba ese actor que comía paella junto a dos personas en una de las mesas del quiosco.
Saludos,
Manolo.